«Si aparecen monstruos nuevos que no sean más grandes que mis brazos»
16 abr 2026 . Actualizado a las 05:00 h.Querido abril, mes de las cartas de amor que no mandamos, vamos sin prisa. No te pido milagros, que los gasté en enero. Milagros, no; te pido continuidad. Que lo que empecé no se me caiga de las manos, que lo poco que hago bien no se desmonte en un suspiro. Cuida de mi espalda ahora que vuelvo al gimnasio con una fe ridícula. No me quites el sueño, pero tampoco me lo regales.
Hazme constante; menos intenso, más fiable. No brillante: constante. Que no necesite épica para cumplir. Que no me pierda en entusiasmos de tres días ni en abandonos de cuatro. Déjame escribir aunque sea torpe, aunque sea poco, pero todos los días. Que el pozo no se seque o, si se seca, que aprenda a cavar más profundo.
Dame un par de conversaciones buenas cada semana y un vino sin motivo. Una noche con luna llena y sin astronautas sobre Ribeira. Una mañana donde nos pongan tapa doble. Y una tarde en la que no pase nada. Sofía creciendo a su ritmo y yo aprendiendo a no estorbar. Fruta en el frutero y peatones en la peatonal.
No me obligues a decir lo que pienso, es una ordinariez. Enséñame a callar a tiempo. Si tienes que virarme el rumbo, hazlo sin romperme. No vengas a salvarme, solo a ordenarme un poco. Si aparecen monstruos nuevos que no sean más grandes que mis brazos. Todo eso, y yo haré lo que pueda con lo que quede.
Ah, sí. Una cosa más, déjame llegar cansado a la noche y no ser vencido por la acumulación de pequeñas derrotas, que no tenga que fingir sorpresa cuando todo sea lo de siempre. Una luz en la cocina. Ya no te pido más. Tampoco sabría bien qué hacer con ello.