Nacho Rodríguez, chef e hijo del histórico hostelero Miguel Rodríguez: «Hice todo lo posible para no acabar trabajando en el hotel»

Celia Riande García
Celia Riande RIBEIRA / LA VOZ

RIBEIRA

MARCOS CREO

El ribeirense lleva toda la vida emprendiendo en el mundo de la restauración

22 feb 2023 . Actualizado a las 09:48 h.

Hay quienes se pasan la vida huyendo de lo que aprendieron en su hogar, buscando crear su propio camino por rutas distintas, y quienes deciden continuar, con mucho orgullo, el legado familiar, intentando sacar provecho de campos que dominan por completo. Es el caso de Nacho Rodríguez, hijo del histórico hostelero Miguel Rodríguez, antiguo gerente del hotel Áncora, que continúa en el mundo de la restauración, aunque haya decidido dejar atrás el hostal, conocido como el Moderno, que marcaría su infancia y juventud más temprana.

«Viví y ayudé en el hotel. Primero jugaba, claro, pero después estuve allí echando una mano una temporada». Así explica Nacho Rodríguez los primeros años de su vida, muy marcados por un negocio familiar al que no quiso vincularse: «La rutina en el hotel es muy dura, porque no existen los días libres ni las noches tranquilas. Todos tenemos que vivir de algo, pero si tienes la posibilidad de hacer lo que te gusta, deberías al menos intentarlo. Yo hice todo lo posible para no acabar trabajando en el hotel, porque mentalmente me suponía una cárcel».

En busca de su sitio

Por esta razón comenzaría el ahora gerente de A Barbecho, un restaurante situado en Palmeira, su formación en el mundo de la cocina, donde descubriría su auténtica pasión, no sin antes encontrarse con un par de piedras en el camino: «Este es mi segundo local aquí en la zona de Ribeira. Esta vez el concepto es distinto, tira mucho más de la lógica. Cuando empiezas, a veces te dejas llevar por las modas, y considero que en el primer intento metimos un poco la pata en el concepto», admite el hostelero.

Ahora, su restaurante en Palmeira, que nace de años de prueba y error, cuenta con una filosofía renovada y que le ha permitido convertir A Barbecho en un local reconocido en la zona con casi diez años de recorrido: «Ahora funcionamos como más me agrada. Se trata de comida sencilla, pero que apetece siempre. Al final, tienes que pensar también en lo que comerías tú, y a mí me gustaría todo lo que tenemos en la carta. Antes teníamos mucho más marinado, más frío, y ahora la comida es más cálida, más como somos nosotros».

Al hablar de cómo se fue creando la carta de A Barbecho, lo cierto es que Nacho Rodríguez admite que casi todo fue fruto de un proceso de ver lo que funcionaba: «Al final, de meter mucho la pata, vas llegando a una base de cosas lógicas. Buscas unos platos que no tengan demasiado desperdicio, con alimentos que no eleven demasiado el precio y combinando un guiso, algún frito... Además de ciertos platos que quizás no salen demasiado, pero que me gusta tener disponibles».

Cuestión de equilibrio

Sobre la filosofía de trabajo de Nacho Rodríguez, el propio hostelero, que conoce bien las condiciones laborales que presenta en ocasiones su campo, la define de forma sencilla: «Hay que adaptar el trabajo a tu vida, no al revés».

Es esta mentalidad la que llevó al ribeirense a buscar un horario laboral que le permitiera combinar su faceta como empresario con su vida personal, resultando en el modo en el que funciona hoy día A Barbecho: «Conseguimos abrir mitad de la semana, y de este modo sale todo mejor. A mí me gusta mucho trabajar, pero pudiendo descansar y llegando motivado a darlo todo. Los fines de semana suponen turnos que fácilmente llegan a las quince horas, y al cerrar el domingo estás agotado, pero siempre es más llevadero sabiendo que tienes hasta el jueves para poder recuperarte del esfuerzo».

En cuanto a los puntos fuertes y débiles del sueño que decidió perseguir, Nacho Rodríguez asegura que le apasiona su campo, pero no es fácil llegar a conseguir unos horarios buenos: «Llevo más de veinte años trabajando, y no me imagino ni uno más al ritmo que solía llevar hace un tiempo. Cuando dejé mi último local estaba hecho un desastre, y ahora puedo disfrutar de lo que hago a un ritmo prudente».

Sobre cuál es el factor que le ha hecho dedicar tantos años de su vida a sus negocios, el ribeirense lo tiene claro: «La gente. Al final, nos conocemos todos y, al ser un restaurante pequeño, puedes tener un trato estrecho».