Acto político en Palmeira

RIBEIRA

MARCOS CREO

23 jun 2022 . Actualizado a las 08:42 h.

Allá por los setenta, se popularizó un titular que decía: «No le digas a mi madre que estoy en política… ella cree que trabajo en un burdel».

El lunes pasado en Palmeira, asistí a un acto necesario, multitudinario e imprescindible, para exigir el funcionamiento de los servicios sanitarios que corren serio riesgo de ser desmantelados. Daba la impresión de estar de nuevo ante una sociedad viva, libre y reivindicativa, como se le supone a las personas herederas de aquella famosa «Palmeira libre, sangre y arena». Parecía que la gente había abandonado su reciente e incondicional pasado de servilismo político hacia uno u otro bando, para convertirse en ciudadanos libres en defensa del más importante de los pilares del bienestar: la sanidad pública y gratuita.

Sin embargo, me llamó la atención el esfuerzo de alguna de las intervinientes (ello no es óbice para darles mi sincera enhorabuena a las mujeres organizadoras del acto), en decir reiterada y machaconamente que «no se trata de una reunión política». De nuevo aparecía el fantasma de la denostada palabra política, cuando en todos y cada uno de los actos reivindicativos es la política la que debe estar presente. Nosotros elegimos a los políticos para que protejan nuestros intereses; y por ello, al requerir la restitución de los servicios a que tenemos derecho —llámense oficina de correos, sucursales bancarias o supresión de bolardos— forzosamente les estamos pidiendo ayuda a los políticos; convirtiendo los actos en una imprescindible cuestión política. Y menos mal que una joven mujer de entre los asistentes puso las cosas en su justo punto, al decir: «Estamos aquí porque un partido es el que tiene el poder de quitar o poner médico y, por lo tanto, es a los políticos del PP a quienes tenemos que dirigirnos… El Partido Popular es el que gobierna en Galicia ¿o no?».

Ante el aplastante razonamiento de la joven, cuyo nombre empieza por C, hubo quienes aplaudimos (la mayoría) y quienes miraban hacia otro lado, como si la decisión de tener o no tener médico fuese cosa de brujería o de milagros divinos. Y, por cierto, hablando de milagros, es una pena que nuestro párroco, sanador de almas, no se manifieste públicamente en favor de la cura de los cuerpos que tan de cerca nos toca.

A tenor de lo dicho al principio, permítanme pues reivindicar la imprescindible labor de los políticos y de la política. Tan solo añadir que, en el acto político del pasado lunes, lo único que se echó en falta fue la representación de nuestro gobierno local. A todos nos hubiera gustado escuchar que están a favor del pueblo de Palmeira y en contra de la falta de planificación y de las decisiones arbitrarias del gobierno de la Xunta. No basta con pensarlo.