«Ese primer baile juntos fue lo mejor que nos ha pasado»

Un flechazo de más de cuatro décadas. A la tercera va la vencida. Eso fue lo que pensó Justo: «Fui tres veces a sacarla bailar y las dos primeras me dijo que no, pero luego ya no me soltó»


Antes, la vida giraba en torno a una pista de baile. Las primeras miradas, los primeros besos, los primeros abrazos... Eso lo saben muy bien Elena Romero y Justo Arevalillo, que se encontraron en una conocida sala de fiestas de Madrid, situada en la plaza de la Ópera, y ya nunca más pudieron soltarse. Era un día normal, de diario, y ni uno ni otro se habían visto nunca. Pero esa tarde sus destinos se encontraron. Justo nunca podrá olvidar la fecha: «Fue el 10 de octubre de 1974. Y nos casamos dos años después, el 9 de octubre de 1976. Tengo clara la fecha porque fue el día de mi licencia militar y había salido con los compañeros a celebrarlo», asegura este vecino de Ribeira, que es natural de Segovia y que reconoce que a la mili le debe la mujer de su vida y que le permitiera aprobar las oposiciones a la banca.

«Fue amor a primera vista. Lo que pasa es que yo lo disimulé un poquito. Antes se ligaba de distinta manera. Las chicas nos hacíamos las interesantes y ellos tenían que insistir», puntualiza Elena, que emigró de niña con sus padres de Allariz a Madrid, como tantos gallegos de la época.

«Yo fui tres veces a sacarla a bailar y las dos primeras me dijo que no, pero luego cuando me dijo que sí ya no me soltó», bromea Justo, mientras reconoce que desde el primer momento en que la vio supo que estaban hechos el uno para el otro: «Amor a primera vista, fue muy fuerte el golpe. Lo tuvimos muy claro desde el primer momento. Son cosas muy difíciles de explicar. Hay un sexto sentido, una intuición que te dice que ella es mi media naranja, que se decía en la época». E interrumpe Elena: «Con decirte que a los quince días de conocernos me llevó a casa de sus padres a Segovia para que los conociera...».

Desde entonces ya no pudieron separarse y siguen juntos en el baile de la vida. Primero, destinaron a Justo a Verín y desde el 83 viven en Ribeira, donde ya han echado raíces: «Me ha sido muy fácil adaptarme. Aquí estoy muy a gusto. Además, el destino siempre me trajo a Galicia. Antes de hacer la mili ya había hecho estadística forestal en Xinzo y en Ourense capital», comenta Justo, mientras Elena apostilla que «non fala galego, pero si que o entende moi ben».

Tres hijos han nacido de este gran amor y ahora que los dos están jubilados -Elena tuvo una academia de inglés durante muchos años-, disfrutan de la compañía de sus cuatro nietos. Eso sí, también tienen tiempo para compartir aficiones: «En casa estamos solos porque nuestros hijos ya viven independientes. Así que nos hemos apuntado a la universidad de mayores. Nos ocupa bastante tiempo y nos va muy bien», dice Elena, mientras ambos dicen casi al unísono: «Ese primer baile que echamos juntos fue lo mejor que nos ha pasado la vida. Sin duda» . Con razón tienen grabado a fuego el 10 de octubre de 1974.

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