Marinero desde niño, bloguero y «facebookero»

Trata de inmortalizar, a través de Internet, la etapa dorada que vivió en el pasado la flota ribeirense


ribeira / la voz

Hace pocos días, Juan José Fernández Prol (Aguiño, 1969) embarcaba en el Cosmos, que durante los últimos meses estuvo de reparación en Vigo, para poner rumbo a Ecuador, donde aunará fuerzas con sus compañeros para sellar una buena marea de pez espada. Llevaba en casa desde enero del 2020. La pandemia lo cogió disfrutando de su turno de descanso y ya no pudo volver al mar. Fueron las vacaciones más largas de las que disfrutó desde que con 14 años empezó a trabajar en un barco de la familia dedicado a la pesca de la sardina. El arrastre y el palangre fueron sus siguientes paradas, hasta que, con el título de primero de máquinas en la mano, optó por alejarse de las costas españolas.

Argentina, Namibia, el Pacífico... «Quedei un ano a estudar na casa, casei e xa non volvín». Lo dice con el poso a tristeza que suele desprenderse de las palabras de los pescadores cuando hacen recuento de todo aquello que les arrebató el mar. «Eu perdino todo. Coñecín ao meu fillo con catro meses e estiven 30 días con el, cando volvín xa tiña un ano. Perdín a infancia dos meus fillos, a vida coa muller, iso é o peor, pero nesta profesión hai que asumilo», añade.

Pese a ello, se siente afortunado, porque el mar lo trató bien. Sufrió sustos, un accidente por el que tuvo que ser evacuado en helicóptero y desgracias ajenas, pero, como dice, lo que ocurre en cualquier profesión. Le marcó especialmente haber vivido de cerca el drama de la emigración: «Foi a comezos dos 90, estando na zona das Canarias. Unha vez tivemos que meter a bordo 13 inmigrantes dunha patera. Doutra, amarramos a pequena embarcación á popa, á espera de que viñeran os de Salvamento. Daquela era habitual».

Predilección por Terranova

Cuando a Juan José Fernández, que ha navegado por las aguas de medio mundo, se le pregunta cuál es el mar más peligroso, no tiene dudas sobre la respuesta: «Terranova, alí os temporais son tremendos». Pero, paradójicamente, considera que es también la zona más bonita de todas las que ha visitado: «Impresiona cando vas polo medio do xeo e van rompendo as placas». Él le resta importancia a esos grandes temporales que, en su día a día, tienen que afrontar los marineros: «Está claro que no mar o perigo é continuo, pero a bordo non asusta tanto como cando se ven esas imaxes de barcos cabalgando as ondas».

Pese a los sinsabores, Fernández Prol ve en el mar un interesante futuro laboral: «É unha profesión dura, porque estás fóra da casa, pero eu si que a recomendaría. De pouco sirve ser universitario se non hai traballo». Él mira con optimismo hacia el futuro del sector pesquero, aunque no duda en afirmar que el trabajo está fuera: «En Galicia, nada. Ningún goberno axudou aos mariñeiros, por iso a min non me gusta a política. Non hai máis que ver o que había e o queda hoxe».

Pone como ejemplo lo que conoce, apuntando que en Ribeira, de los más de 60 barcos de arrastre que llegaron a conformar la flota local, quedan poco más de 20. Y lo mismo ocurre con el palangre: «Haberá uns 15, cando chegaron a ser máis de 80». Para inmortalizar ese pasado esplendoroso que vivió el puerto ribeirense, este lobo de mar decidió hace una década navegar en las aguas de Internet. Creó un blog, sarse.wordpress.com, y emprendió un arduo trabajo de investigación: «En vez de ir de chiquiteo, quedaba na casa e contactaba con mariñeiros. Falei con moitísima xente, con toda a que puiden, que me pasou fotos dos barcos que houbo en Ribeira, se non están todos, poucos poden faltar».

Incluso recogió alguna historia de cuyos detalles se fue enterando a través de esas conversaciones, como la tragedia del Cartagena, el mayor drama que vivió la flota ribeirense. Ocurrió en abril de 1945. El cerquero se hundió en los bajos de Corrubedo y todos sus tripulantes fallecieron: «Cheguei a dar coa fotografía do barco a través dun familiar».

A medida que Fernández Prol fue ampliando su red de colaboradores, el blog empezó a quedársele pequeño, así que creó un portal de Facebook, Barcos de Santa Uxía de Ribeira,

Más de dos mil colaboradores

A través de este espacio de Internet, el ribeirense consiguió ir tejiendo una gran telaraña, formada actualmente por más de dos mil personas. No son seguidores, sino colaboradores: «Isto considéroo un barco, e un barco faino a tripulación e eses somos todos nós e os que vaian embarcando». En este caso, cada marea se traduce en aportaciones de fotografías y ya se cuentan por centenares. La mayor parte están relacionadas con el sector pesquero, pero también hay un buen álbum de instantáneas antiguas del municipio de Ribeira.

Esta faceta de facebookero le ha permitido a Fernández Prol entrar en contacto con marineros de toda Galicia que comparten su afición. Ya sueña con poder dedicarle más tiempo en cuanto cumpla su última marea: «Así que poda, arrío en banda, sobre iso non teño dúbida ningunha». Quedarse en el barco más de lo necesario no entra en sus planes: «Estou desexando xubilarme para poder dedicarme por fin a vivir».

tocado por el covid

La pandemia no solo obligó a Fernández Prol a estar un año en casa, sino que le tocó de lleno. Sufrió los efectos del covid, en su caso como una fuerte gripe: «Paseino moi mal animicamente, porque a incerteza sobre o que vai suceder é terrible».

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