Hosteleros de Ribeira en pie de guerra para lograr un rescate

Los empresarios preparan una concentración en la que esperan sumar a políticos, trabajadores y sector comercial


ribeira / la voz

«Hai xornadas de 30 euros de caixa e outras nas que unicamente sumas gastos», afirma Javier Ordóñez, propietario desde hace más de 30 años del bodegón Castelao de Ribeira. Está a punto de cumplirse un mes desde que los elevados índices de contagios forzaron el cierre perimetral del municipio, lo que limita la atención de la hostelería a las terrazas con solo un 50 % de aforo.

La situación del sector es la misma en otros ayuntamientos de Barbanza sujetos a máximas restricciones desde el pasado mes, pero los empresarios de Ribeira afirman estar al límite y han decidido pasar a la acción alzando su voz en las calles para reclamar «un plan de rescate».

Dieron el primer paso a finales de diciembre, cuando con el apoyo de la patronal mantuvieron un encuentro en Santiago con integrantes de la Asociación de Hostalaría de Compostela, que ha promovido ya diversas movilizaciones en la ciudad. El pasado lunes, dueños de varios establecimientos ribeirenses participaron en Monte Pío, en Santiago, en una protesta en la que con cacerolas, velas y un ataúd exigieron ayudas para amortiguar la caída de ingresos.

Sin embargo, el colectivo quiere hacer partícipes de su situación a los vecinos y han comenzado a mover ficha para realizar en Ribeira una concentración. Afirma Antonio Lijó, gerente del bar Plaza: «La nuestra no es una lucha política, es una lucha de supervivencia. No vamos en contra de nadie. Hay tres Administraciones que pueden echar una mano y lo que buscamos son ayudas».

Indica Lijó que el objetivo es unir en la movilización a políticos, trabajadores e, incluso, al sector comercial del término. De hecho, han trasladado sus intenciones a responsables del Ayuntamiento.

Sin prestaciones

Todos coinciden en señalar que carecen de prestaciones para superar una situación que, en la práctica, representa el cierre. Lo indica Javier Ordóñez: «De maneira efectiva non estou pechado porque se me encargan comida para levar fágoa, pero os días que fai vento, chove ou vai moito frío non monto a terraza porque carece de sentido».

Explica que a través de su mutua solicitó una ayuda: «Veume denegada porque non é un peche obrigatorio. Agora solicitei outra amparándome na falta de ingresos. Eu e a miña muller dependemos do bodegón e estamos vivindo dos aforros. Se hai que pechar por motivos de seguridade facémolo, pero que sexa algo claro».

La situación que describe Lorenzo Novo, dueño de la jamonería O Tear y otro de quienes asistió a la concentración del lunes en Santiago, es bastante similar. Explica que uno de sus trabajadores «marchou porque conseguiu outro traballo e a outra está no ERTE. Teño que pagar a miña seguridade social e a da empregada e abonar o 100 % dos impostos». Los ingresos de su familia proceden de este negocio, por lo que diariamente monta la terraza: «Teño que intentar poñer un prato de comida na miña casa».

Lorenzo Novo hace varias propuestas que, considera, resultarían menos lesivas: «Que nos permitan ocupar, polo menos, o 30 % do aforo interior e ter un horario, como mínimo, como o das tendas». Su primera demanda es la que se aplica en municipios con restricciones medias y la segunda parece inviable después de que tras la reunión del comité científico del martes se acordara el cierre de toda la hostelería a las seis de la tarde.

Antonio Lijó manifiesta que, en esta situación, «no podremos resistir mucho más». Precisamente, Lijó es uno de los que decidió cerrar cuando se aplicaron en Ribeira restricciones máximas por la incidencia del covid: «Con las condiciones impuestas era inviable mantener el negocio, en el que la afluencia de clientes ya había experimentado un descenso considerable».

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