«Fui la primera mujer en enrolarme en la pesca de altura»

Genio y figura. Así es Gloria Lijó, un huracán femenino que ha sabido convertir en virtud su valentía. El mar es la pasión de esta pionera que tuvo que aprender a nadar cuando decidió embarcarse y que acabó siendo campeona de natación


Si hay marejada, Gloria no se amilana. No lo hizo cuando tenía 47, no lo hace ahora con 67: «Uy perdón, con 76. Es al revés, ¡quién me diera tener ahora esa edad!». Porque así es el espíritu de esta mujer de Ribeira, joven y lleno de vitalidad. Tanto que solo hablar con ella unos minutos ya consigue que des un respingo del asiento. Ella es así, un huracán, acostumbrada a manejarse entre tempestades con la sonrisa y el desparpajo típico de la costa que la vio nacer: «De Ribeira, nacida en Castiñeiras. No porto pulpeiro máis famoso da ría. Castiñeiras é terra de polbos». Puntualiza, para que quede claro.

Pues ahora que las presentaciones están ya hechas, nos embarcamos en las embestidas y las conquistas de la vida de Gloria, porque tiene para escribir un libro, aunque todo lo cuente con tanta naturalidad que parezca que no tiene mérito. Sí, sí, ahí donde la ven, fue la primera gallega que logró enrolarse en un barco de pesca de altura. El Bolaquento: «Bo-la-quen-to. Sí con b». Y no se lo pusieron nada fácil, pero buena es ella cuando se le mete algo en la cabeza: «No me querían enrolar porque era mujer. ¡Que qué iba a hacer una mujer en medio de tantos hombres! No te lo pierdas. Pero yo como tenía mis derechos, los exigí. Ya está. Además era mi ilusión». Y tanto que lo era. «Siempre me tiró mucho. El mar es lo mío. Volvería ahora mismo», reconoce firmemente.

Pero fue la necesidad económica la que la llevó a alta mar: «Nos habían ido dos barcos a pique en cinco meses -aún se le quiebra la voz al recordarlo-. Uno por el mal tiempo y otro se quemó. Nos quedamos sin nada y con muchas deudas, muchos millones de las antiguas pesetas. Pero enrolarme para mí fue una salvación porque era lo que realmente quería, ir a la mar. De toda la vida». Así que no se lo pensó dos veces y en cuanto estuvo listo el Bolaquento para salir del varadero, se convirtió en una más de la tripulación: «Estuve cinco años y la experiencia fue maravillosa. Maravillosa. Al final lo tuve que dejar porque mi hija mayor estaba embarazada de su tercer hijo y yo tenía a dos tíos míos en casa y ella ya no podía atenderlos», dice quien siempre se hizo respetar en alta mar: «Muy bien. Nunca tuve problemas, eran trece hombres y una servidora, 14. Estábamos en el banco canario sahariano. Vamos, en Marruecos, y cogíamos merluza blanca, merluza negra, palometa roja, palometa negra, mero, pez espada... lo que viniera en el anzuelo. Era pesca selectiva, de palangre», explica quien nunca le tuvo miedo al mar. «Respeto sí. A la mar no se le puede tener miedo. Las rutas desde Galicia en invierno hasta Marruecos son bastante jorobadas. Pero luego allí no, puedes coger un día o dos de mal tiempo, que también pega muy duro, pero ya no es lo mismo».

«No querían enrolarme. Pero como yo tenía mis derechos, los exigí »

Pero esta no fue la primera experiencia que tuvo Gloria con el mar. Antes de esto ya había estado en un petrolero noruego con su marido:

-¿Lo acompañabas?

-No mujer, fui a trabajar. ¡Hombre! ¡No iba a estar doce años acompañando a mi marido y dejando dos niñas pequeñas, una de 7 y otra de 3 años, en casa con mi madre!

Una experiencia que también repetiría y que le permitió alcanzar el máximo distintivo profesional: «Cuando te vienes para tu casa o cambias de compañía, el capitán del barco te da una carta de recomendación. Y a mí me pusieron el calificativo más alto que tienen ellos, que es el de gran dama. Con eso me dijeron en el consulado de Noruega en Bilbao: ‘Señora, si usted puede trabajar con 100 años, a usted la admitirían en un barco noruego'. Con eso te lo digo todo». De esa época tiene mil y una anécdotas. Sobre todo, relacionadas con su condición de mujer y por el hecho de estar en un barco extranjero: «Principalmente por el pelo que tenía. Porque las noruegas eran todas rubias. Y mi pelo era muy negro, muy negro. Lo tenía hasta la cintura, lacio, muy bonito... Y no es por decirlo, pero era mona.... pequeñita pero resultona. Y entonces, claro, que se les iban los ojos mirándome, ¡cómo no se les iban a ir! Pero, hija, cada uno tiene que estar en su lugar».

Gloria estuvo doce años trabajando en un petrolero y sin saber nadar. Aprendió justo antes de ir al Bolaquento: «Tenía vergüenza de ir a la mar sin saber nadar». Y ahí empezó otra de sus grandes pasiones. La natación: «Llegué a ser campeona de Galicia y batí 15 récords. Después fui campeona en España, cuarta de Europa, y fui a unos campeonatos del mundo a Estados Unidos, a la universidad de Stanford, en California. Y de 19.000 nadadores yo quedé de número 22. Toda una proeza».

Habrá que dejar para otro día lo que le ocurrió en un desfile del Día de la Hispanidad en la Quinta Avenida de Nueva York con un obispo y su grupo de baile, mientras bailaban muiñeiras. Para escribir un libro.

Conoce toda nuestra oferta de newsletters

Hemos creado para ti una selección de contenidos para que los recibas cómodamente en tu correo electrónico. Descubre nuestro nuevo servicio.

Votación
9 votos
Comentarios

«Fui la primera mujer en enrolarme en la pesca de altura»