Etelvino Isidoro Pardal, el hombre de la sonrisa perpetua

Forofo del Real Madrid, trabajó siempre para la familia de armadores Gude


No conocía otra cosa que el mar y el Real Madrid. Etelvino Isidoro Pardal, fallecido el domingo a los 59 años de edad, trabajó siempre para la familia de armadores Gude. Comenzó su actividad en un barco del cerco mítico en Ribeira, el Titán, en el que muchos profesionales del municipio aprendieron a forjarse en este duro oficio de la pesca. Se jubiló en el Xudemil, ya con el cargo de motorista.

Mis primeros recuerdos fueron en un atestado bar Plaza, mirando un encuentro entre el Deportivo y el Real Madrid. Tras el fallo de una pena máxima por parte del conjunto gallego, Etelvino celebró efusivamente el error. El resto de los clientes se quedaron mirándolo y en voz muy baja recordaron a sus ancestros.

Su pasión por el equipo blanco era tan grande que incluso llegó a perder alguna que otra jornada de mar para ver a los merengues en las pretemporadas que realizaban en Manzaneda.

Etelvino era, además, un grandísimo fan de las rancheras y también de todo tipo de música de la década de los 80.

Cuando lo veías por la calle en su bicicleta, que compró una vez jubilado del mar —hace menos de un par de años— no lo saludabas, únicamente sonreías, porque Etelvino era el hombre de la sonrisa perpetua.

Amigos de las redes sociales

También era una persona a la que le gustaba la broma, tanto cuando estabas con él como en las redes sociales, que utilizaba ferozmente para reírse de la vida.

No solo eso, también inventó, a su manera una lengua. Se trataba de una mezcla de gallego con una jerga utilizada hace años por los canteros. Una singular forma de expresarse a la que todos llamamos y llamaremos marmoleo que mitoka.

Como siempre, allá donde esté ahora este hombre de Carreira, serán otros los que disfrutarán de su compañía. Nosotros ya tuvimos nuestra dosis de sonrisas gracias a Etelvino.

A quien nunca se olvida, nunca muere.

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