Ni el coronavirus arruina mi Erasmus

A pesar de las restricciones sanitarias, tres alumnos del IES A Pobra decidieron terminar sus estudios en el extranjero


RIBEIRA / LA VOZ

El coronavirus frustró sus planes de Erasmus en marzo. Los pilló con las maletas a medio hacer, el billete comprado y hasta con la fianza de un pequeño apartamento de alquiler adelantada. Silvia Arnoso, Rubén Fernández y Silvia Beatriz Piñeiro, que cursan ciclos de formación profesional en el IES A Pobra, se tuvieron que quedar en casa confinados durante meses. Pero ni siquiera esta pandemia mundial ha podido con las ganas de estos tres estudiantes de irse al extranjero. ¿Quién dijo miedo?

«Si te pones a pensar en que te vas a contagiar, no vas a ningún lado. Ni siquiera sales de casa». Silvia Arnosa no se lo pensó dos veces cuando el programa Erasmus retomó sus planes de movilidad académica. Se fue para Lisboa en cuanto pudo y allí lleva una semana haciendo sus prácticas del ciclo superior de Dietética. «Estoy trabajando en un gimnasio especializado en lucha. Llevo las planificaciones nutricionales de los clientes, principalmente de atletas que van a competir», explica esta estudiante natural de Aguiño.

En la capital portuguesa el coronavirus no impactó tanto en la vida de sus habitantes como en España o, al menos, esa es la sensación que tuvo Arnosa nada más pisar territorio luso: «Casi me olvido de que hay una pandemia». Aunque asegura que se guardan las distancias de seguridad y se toman otras medidas preventivas, el uso de mascarilla no es obligatorio ni siquiera en algunos espacios cerrados. «Aquí se permite entrenar sin ellas», cuenta Arnosa.

Diferencias entre países

Una situación muy distinta están viviendo Rubén Fernández y Silvia Beatriz Piñeiro. Ambos comparten estancia en Reggio, una ciudad costera situada al sur de Italia. Pero Fernández ni siquiera ha podido iniciar su período de prácticas con normalidad. «No ambulatorio no que ía traballar detectaron un positivo e tiveron que confinar a todo o persoal», explica el estudiante. Mientras, ha aprovechado para visitar los puntos turísticos más importantes de su destino, como el Museo Arqueológico Nacional, y algunos pueblos cercanos, como Scilla. Hacer turismo ya es posible en el país, aunque se mantienen medidas de seguridad similares a las de España. «La mascarilla en nuestra región es obligatoria, te controlan la temperatura a la entrada de los lugares que visitas e incluso te piden tus datos personales por si fuera necesario rastrear», cuenta Silvia Beatriz Piñeiro.

Esta ribeirense lleva poco más de una semana trabajando como auxiliar de enfermería en un hospital privado. Allí, entre otras muchas tareas, le ha tocado realizar pruebas de detección del virus. Asegura que los italianos tienen una forma muy distinta de vivir la pandemia. «Todavía hay muchísima gente sin mascarilla por la calle. No son tan estrictos como nosotros», explica. Su compañero Fernández concuerda con ella: «Parece que se esqueceron do que pasou. Perdéronlle o medo».

A pesar de la situación sanitaria, ninguno de estos tres estudiantes del instituto pobrense se muestra arrepentido de su elección. Más bien todo lo contrario. «Estoy barajando la posibilidad de ampliar mi Erasmus, pero todavía no sé si en Italia o en otro país europeo», afirma Piñeiro. A mediados del mes de diciembre volverán a sus casas con una experiencia a cuestas que ya recomiendan. En los motivos, coinciden: ver mundo -aunque sea con la mascarilla puesta-, aprender el idioma autóctono y hacer currículo.

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