Marcados por el odio


La difícil convivencia entre españoles se manifiesta cada día, y va in crescendo, sobre todo en estos tiempos de zozobra. Las izquierdas, apoyadas en su progresismo y con su creída superioridad intelectual y moral, ven a las derechas como elementos insolidarios preocupados en mantener su propio estatus dentro del caparazón del conservadurismo. Las derechas, a su vez, consideran a las izquierdas elementos destructores de la España que ellos ven. Y, cuando las derechas y las izquierdas se extreman, la relación entre los dos bandos se convierte en insoportable. Bien lo decía Antonio Machado con aquellos dos últimos versos de su obra Proverbios y cantares: «Una de las dos Españas ha de helarte el corazón».

Ya antes el gran Goya nos ilustró con sus geniales y dramáticas escenas en los Fusilamientos y garrotazos. Cuadros llenos de ciego odio en los que unos se tapan los ojos y otros se matan a palos, mientras al fondo se ve el paisaje del centro de España; para que no quepa duda del lugar en donde sucedieron esos hechos. Y, para que nadie sospechase de la veracidad de las escenas, el propio Goya dejó escrito en el lienzo: «Yo lo vi».

Hoy, que todo se estudia y analiza, hay científicos que se atreven a hurgar en los tiempos y en la historia para sonsacar la razón y el porqué del odio que llevamos los españoles en nuestra genética, y que está aflorando en la calle, en la radio y en algunos artículos periodísticos.

Entre los científicos que tratan de explicar las razones de lo que internacionalmente se conoce como «caso español», se encuentra el profesor David Cornwell. Pena me da pensar que hasta puede llevar razón, cuando dice que «los comportamientos individuales insolidarios y agresivos, mantenidos durante el transcurso de generaciones, pueden llegar a incorporarse al genoma de los individuos». Viene a corroborar lo de «la función crea el órgano», ya demostrado por Darwin. O sea, la crueldad de las riñas entre españoles, nos ha modificado el comportamiento. Unos niños ahora mayores, vieron levantar el puño y otros el saludo fascista. Y así no será fácil que se llegue a la empatía entre nuestras generaciones. Para demostrarlo, me duele reseñar un estudio de la doctora Oak Grove, en el que manifiesta sentirse «pesimista acerca de las posibilidades de cambiar los factores negativos del carácter hispano».

Ahora que todos pensamos en una pronta vacuna, ojalá aparezcan avances científicos capaces de modelar y corregir también nuestro genoma, suprimiendo el odio y los factores antisociales que tanto daño hacen entre los españoles. «Yo lo vi». Así, con esa frase, nos deja Goya su premonitorio legado en los impresionantes gravados Los desastres de la guerra. Que se callen los mesías, por favor.

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