Ramón Martínez: «Si puedo llevar 40 kilos de medicinas no llevo 39»

El ribeirense participará en el Maratón del Sáhara, pero antes quiere recaudar fármacos que necesitan los refugiados


Ramón Martínez (Ribeira, 1976) sintió un flechazo en el 1999. Desde aquel año tiene una segunda familia, en el Sáhara, en el campamento de refugiados de Wilaya de Smara. Volverá el 21 de este mes para participar en el Sáhara Maratón y pretende hacerlo cargado de medicinas, comida y material escolar. Todo lo que pueda recaudar con la ayuda del equipo que preside, el Sálvora.

-¿Cómo empezó su relación con los refugiados saharauis?

-Fue en el año 1999. A raíz de una familiar, que trajo un niña con el programa Vacaciones en Paz. El año siguiente fui por primera vez al Sáhara y dije que, mientras pudiera, volvería.

-¿Cómo recuerda aquella época?

-Todo ha cambiado muchísimo, pero las carencias todavía son muchas. Recuerdo que en el 2000 atravesamos el desierto para llegar al campamento sin luz. Ahora accedes en carretera. Sin ayuda no tienen nada, y cada vez les es más complicado conseguir cualquier cosa, como es el caso las medicinas. En Argelia también tienen escasez y es casi imposible encontrarlas.

-No es la primera vez que organiza la campaña para llevarles fármacos. ¿Responde la gente?

-Siempre, la gente responde muy bien. El problema que tengo es la cantidad que puedo llevar. En esta ocasión viene mi hijo Alexandre y tendré unos 60 kilos. Lo que no pueda llevar se lo entregaré a la asociación de Galicia y ellos se encargarán de hacerlos llegar en una caravana que envían cada uno o dos meses.

-Irá cargado.

-Sí, sí, siempre. Si puedo llevar 40 kilos de medicinas no llevo 39. Alguno siempre lleva de menos peso y tratas de meterle alguna bolsa. El miedo es en Argelia, desde hace unos años nos registran bastante. Un año me pillaron una maleta con 20 kilos de comida y quedó allí. Me preocupan más las medicinas, si me pillan también se las quedan.

-Me imagino que es un negocio.

-Sí, para los argelinos, aunque los saharauis estén en su país, son un pueblo diferente. Si te las quitan, las venderán o repartirán.

-Un país sin ley.

-Cada uno se busca la vida. Tengo sobornado a algún guardia con un paquete de tabaco para que me dejara pasar. Y eso que no fumo. Llevaba fármacos y sabía que no me los dejarían pasar y le solté una cajetilla para poder seguir.

-¿Y en qué consiste el Sáhara Maratón? ¿Cómo lo descubrió?

-Antes viajaba con la asociación gallega a favor del pueblo saharaui. En Internet descubrí esta prueba, que es la última semana de febrero. Este año cumple 20 años. Es una carrera solidaria, con cuatro distancias. Lo bonito es vivir la experiencia, conocer a gente de otros países. La primera vez que fui había personas de 27 países. Australia, Japón, América... Es una fiesta, hay un gran ambiente. Es algo diferente.

-Este año debuta su hijo.

-Hacía tiempo que quería llevar a mis hijos. Con la mayor no lo conseguí, pero con Alexandre lo hablamos y tenía ganas de ir. Son 30 kilos más de medicinas, que allí es muchísimo. Además quiero que conozca la experiencia, que sepa cómo viven allí.

-¿Somos muy materialistas?

-Allí lo mínimo que tienen lo valoran y cuidan. Aquí nos da un poco igual. La primera vez que trajimos a la niña, cuando veía un grifo abierto, corría a cerrarlo. Le dan un valor que nosotros no le damos.

-Participó en otra actividad hace poco, ¿no?

-Corrimos de París a Bruselas. Queríamos poner en relieve los derechos de los presos políticos saharauis. Llevan en prisión muchos años por una manifestación pacífica. Hicimos esa distancia de forma simbólica porque Francia es uno de los países que más apoya al gobierno marroquí. Llegamos al Parlamento Europeo, donde nos recibió una comisión política en favor del referendo saharaui.

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