El precio del jurel cayó a ocho céntimos y adelantó el amarre de parte de la flota del cerco

Las embarcaciones aprovecharán para reparar y dar vacaciones a los tripulantes


ribeira/la voz

La flota del cerco de la comarca continúa dando bandazos. Desde hace años los problemas se amontonan en cubierta y a pesar de las numerosas trabas y complicaciones los barcos siguen navegando con rumbo fijo y también con sus reivindicaciones. La caída de los precios y los recortes son una constante en el colectivo. La mayor parte de las embarcaciones de Portosín optaron por amarrar en los últimos días al comprobar que sus capturas apenas tenían valor. El jurel se llegó a pagar a ocho céntimos el kilo. Ante esta situación, muchos armadores optaron por echar el pie a tierra y esperar tiempos mejores.

El portavoz de la Asociación Galega de Cerqueiros, el portosinense José Blanco, destacó que prácticamente está casi todo el colectivo amarrado pues solo pueden coger jurel y este es pequeño. Esta anomalía provoca que apenas tenga salida y llegó a «pagarse a oito céntimos. Iso é unha vergoña e así non vale a pena ir ao mar pois é mellor quedar en terra e aproveitar para reparar e descansar», subrayó.

Treinta barcos

En la comarca hay alrededor de treinta cerqueros repartidos en los puertos de Portosín, Porto do Son y Ribeira, siendo una de las zonas con más peso de este colectivo de Galicia.

En la actualidad estas embarcaciones solo tienen permiso para dedicarse a la captura de jurel y xarda, aunque esta especie ya no se ve por las costas gallegas pues no es tiempo. Ante esta situación, «aproveitamos para facer os arranxos dos barcos pois non vale a pena saír ao mar», comentó Blanco.

El portavoz de la asociación también echó una mirada hacia la Consellería do Mar. El armador recalcó que el sector gallego acordó por mayoría establecer los topes por día y tripulante de 750 kilos de jurel. «A proposta conta co apoio de case toda a flota e mandóuselle á Xunta pero esta aínda na remitiu a Madrid e nos pensamos que é fundamental para o futuro da flota».

Por su parte, el vicepresidente de Cerqueiros Galegos, Gonzalo Pérez, indicó que el paro de una buena parte de la flota se debe a que: «Levamos un mes sen pescar nada polo mal tempo e tamén pola proximidade das festas».

Un año desfavorable en el que los barcos compraron cuotas para seguir faenando

El 2019 prácticamente concluyó para muchos cerqueros barbanzanos. Se trata de un ejercicio que no ha resultado todo lo favorable que esperaba el sector. José Blanco reconoció que el año que finaliza ha sido, para la mayor parte de las embarcaciones, bastante flojo. Esta asociación incluso se vio obligada a comprar cuotas de anchoa y sardina a colegas andaluces para poder «defendernos e facer algún carto».

José Blanco comentó que hubo bastante jurel, pero de tamaño medio y pequeño, por lo que el precio no fue todo lo bueno que esperaban: «Así non resulta doado traballar. Se non ten prezo a nós prexudícanos moito, xa que apenas ten saída».

Poco trabajo

Una de sus principales fuentes de ingresos durante la época estival es, sin lugar a dudas, la sardina. Esta temporada tampoco tuvieron demasiada suerte. Para dedicarse captura de este pescado «apenas tivemos quince días de traballo». Los recortes se han impuesto y también tienen que hacer frente a las continuas amenazas de que se está agotando.

Otro inconveniente para la flota, según el integrante de Acerga, fue la xarda. En este sentido, insistió en que para toda la campaña disponían de nueve toneladas por tripulante, una cantidad que apenas les llegó a nada. Comenta que terminaron muy pronto la costera de esta especie.

Por último, José Blanco señaló que la campaña de la anchoa en el País Vasco resultó para el sector bastante buena. En este sentido, comentó que pudieron defenderse bastante bien. Esta circunstancia fue positiva tras un año con altibajos.

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