El baúl de recuerdos que custodian las policías locales

Entre montañas de llaves, carteras y gafas extraviadas se hallan bellas anécdotas e historias de altruismo


ribeira / la voz

El interior de las jefaturas de las policías locales puede llegar a albergar un auténtico baúl de los recuerdos. Se trata de los objetos perdidos que los ciudadanos van entregando a los agentes para devolver a sus legítimos dueños. A grandes rasgos, estamos hablando de montañas de llaves -tanto que una década de recolección en Ribeira supuso cerca de 15 kilos entregados al gestor para su destrucción-, carteras vacías y gafas, entre los que de vez en cuando se halla alguna curiosa o bella historia.

«Temos o típico que soe aparecer: moito chaveiro, algunhas gafas de sol e das normais», explican desde A Pobra, para recordar el extraño caso del monitor de un aparato electrónico de un comercio entregado en el pasado. Y es que los dispositivos y aparatos han ido cobrando una parte importante en las desapariciones, tanto que es posible ver la evolución de la tecnología en este tipo cajas.

«Dende o Nokia 3310, si, o do xogo da serpente; ao mítico Motorolla de tapa, iso si, aos novos atopámoslle o propietario case sempre», bromean desde la Policía Local carnotana.

BMW cerrado

Posiblemente en Carnota cuenten con algunas de las mejores anécdotas, como este verano que les entregaron llaves de un Audi y un BMW perdidas en la playa y probaron durante varios días a ver si se correspondía con alguno aparcado que les pillaba de paso en las patrullas, o la ya mítica aparición de una dentadura postiza y ortodoncias.

También fue sonada la entrega de un crucifijo de plata a los profesionales de Noia o, desde el cambio de normativa -se pasó a una sanción administrativa-, la gran cantidad de cedés y películas piratas que los manteros abandonan, tal y como explican desde Ribeira. Este último cuerpo policial también llegó a recepcionar una bolsa de joyas que le entregó la Comisaría de la Policía Nacional.

No obstante, las historias que todos los agentes resaltan y destacan son las de esos héroes anónimos que, como cuatro jóvenes de Boiro, entregaron más de mil euros a su legítimo propietario sin dudarlo. En Noia, gracias a un papel en la cartera que sirvió de pista, la policía pudo devolver la friolera de 1.500 euros que otro vecino había recogido en la calle. También en Ribeira, en el 2015, una señora pudo recuperar los 350 euros que acababa de perder.

¿Y qué ocurre con los objetos sin reclamar? Pues el protocolo es: al pasar dos años, contactar con quien lo entregó y darle la oportunidad de quedárselo o destruirlo. Afortunadamente, el altruismo es irrompible.

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