El precio de comer


Circula estos días por las redes sociales la denuncia de una vecina de la comarca que asistió a la feria Artemar, celebrada en Ribeira la pasada semana y, en compañía de otras personas -más de la mitad menores- se sentó a comer unas raciones en un puesto instalado en el evento. Considera esta señora que los precios son abusivos y así lo hizo saber a sus convecinos publicando la nota. En ella destaca que cada unidad de chorizo criollo fue cobrada a 12 euros y les facturaron una de churrasco a cada uno -incluido un niño de 3 años- a 15 euros cada una ¡En total, 267 euros de vellón por un poco churrasco y unas aguas! ¡Ahí es nada!

Viene esta queja al dedillo para dar continuidad a mi reciente artículo sobre el mercado castrexo de Boiro. Si en aquel momento me refería a lo extraño de realizar tal evento en medio de asfalto y hormigón, y me preguntaba si el Concello ingresa tanto dinero como para permitir algo tan fuera de lugar -un mercadillo con disfraz barato y poco más-, ahora le toca el turno a la competencia desleal. Porque los establecimientos fijos, existentes en cada lugar, soportan mayores costes durante todo el año y mayores exigencias sanitarias.

Ellos se ven sometidos a controles periódicos, a la contratación de empresas especializadas en plagas y limpieza y a un nivel de exigencia por parte de sus usuarios bastante más elevado. Si a esto añadimos los gastos en maquinaria para una correcta conservación y elaboración, y otros costes de explotación todavía se hacen más increíbles esos precios. También es verdad que hay que mirar donde se mete uno.

Conoce toda nuestra oferta de newsletters

Hemos creado para ti una selección de contenidos para que los recibas cómodamente en tu correo electrónico. Descubre nuestro nuevo servicio.

Votación
0 votos
Tags
Comentarios

El precio de comer