Enrique Paisal: Un virtuoso que puso la música como bandera

Este ribeirense afirma ser un afortunado pues se dedicó a lo que más le gusta en esta vida, tocar


ribeira / la voz

Enrique Paisal Rego (Palmeira, 1938) consiguió uno de sus sueños: vivir por y para la música. Fue, y es, su pasión. Afirma que es superior a sus fuerzas. Con 81 años sigue en activo. Todos los días se pasa junto a su piano, al que acaricia y al que sigue sacando notas. El tiempo frente a este instrumento se para. De sus dedos salen canciones y también muchos recuerdos. Y es que son demasiados años encima de los escenarios y también enseñando. Paisal mantiene con mano firme la batuta de la coral polifónica de Ribeira, una agrupación musical a la que quiere como si fuese un hijo más pues fue su fundador y uno de sus principales valedores.

La pasión por la música le salió de muy pequeño. En casa la tenía cerca. Su abuelo y su padre le inculcaron esta afición pues ellos ya tocaban, pues formaban parte de una de las primeras bandas que hubo en la comarca. Recuerda que con 8 años empezaron a darle clases de piano y acordeón y de ahí, «leváronme para Santiago a estudar no conservatorio onde tiven de mestre ao profesor Ángel Brage».

Giro radical

Con solo 14 años ya comenzó a tocar en el Hostal dos Reis Católicos, «estando aí chamoume Prudencio Romo para fundar Los Tamara». Su vida dio un giro radical. El grupo marchó para Vigo. Allí los escuchó un representante que se los llevó a Marruecos, donde triunfaron. También pasaron a Argel, pero dieron el salto a Francia donde se consagraron con memorables actuaciones en el Olimpia de París.

Europa cayó rendida a sus pies y los mejores escenarios eran los lugares donde la música del grupo gallego era preferida. América también fue otro puerto donde recalaron Los Tamara con Pucho Boedo al frente. La enfermedad del cantante truncó la carrera del grupo en 1976.

Enrique Paisal regresó a Galicia para continuar su carrera en solitario. Otra vez el Hostal y muchas actuaciones por toda España jalonaron una vida dedicada al arte de la música. También se adentró en el mundo de la enseñanza y durante más de veinte años dirigió el conservatorio de Ribeira, inmueble que precisamente hoy lleva su nombre desde que, hace poco más de un mes, el Concello de Ribeira le hiciera un homenaje en una dependencia que fue, y es, cuna de numerosos chavales que quieren sumergirse en el impresionante mundo de las notas musicales. Paisal recuerda el acto con mucho cariño: «Foi moi bonito. Nunca sentín tanto orgullo. Non pensei que algún día me ían poñer unha placa co meu nome».

Los recuerdos de su vida pasan a toda prisa por su cabeza. Viajar y tocar con Los Tamara «foi excepcional. Vivimos todos grandes momentos» y más cuando llevaban a su tierra por bandera y en el extranjero se encontraban con centenares de gallegos que estaban en la emigración y que «viñan a escoitarnos os sábados ou domingos cando estaban libres. Era moi emocionante».

La enseñanza fue un de sus dedicaciones en los últimos años de actividad, pero a Enrique Paisal lo que verdaderamente le gusta es «actuar en directo. Saír ao escenario e poñerte fronte ao público. É unha sensación marabillosa poder compartir eses momentos coa xente». Sus recitales se extendieron por Galicia, e incluso por España. Visitó numerosas localidades y los locales hosteleros fueron testigos de las notas que desprendía su piano.

Varios discos

Paisal no entiende su vida sin la música. Reconoce que para él es algo más que una forma de vivir, es un sentimiento. Todavía sigue componiendo y gozando con los acordes de creaciones suyas o de otros artistas. El talento que desprende está recogido en discos que fue grabando a lo largo de su vida profesional. Tiene varios en solitario, pero cuenta con algunos en colaboración con otros artistas.

El músico de Palmeira tiene en la sangre los pentagramas que tanto su padre como su abuelo le transmitieron. Y esta misma energía se la dejó a sus hijos y en especial a Ketty, que forma jóvenes talentos en Boiro. Pero Enrique Paisal habla también con la boca grande de que una de sus nietas ya disfruta acariciando las teclas del piano. La saga y el futuro está más que garantizada y el hombre está más que orgulloso del legado que les deja a sus seres queridos y que no es otro que la pasión por la música.

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