Chema Mariño: «O fútbol foino todo para min»

Cuelga las botas después de una vida en la que el balón ejerció de compañero y de vía de escape


Ribeira / la voz

Creció pegado a un balón. Regateando por los callejones de Palmeira, Chema Mariño (Ribeira, 1978) descubrió una pasión que le ha acompañado toda la vida. «O fútbol foino todo para min, sei que o botarei de menos eses nervios antes de comezar un partido, pero chegou a hora». Toca colgar las botas, decir adiós a una vida en los terrenos de juego. Ahí, entre césped y barro, se forjó la fama de jugador que podía decidir cada partido en un segundo.

«Foi unha decisión moi difícil, pero as lesións dos últimos anos impedíronme continuar», confiesa. Varias roturas de fibras le obligaron a seguir al Palmeira de toda su vida desde la grada: «Doeume non poder axudalos a subir». En su parroquia comenzó su camino: «Era un rapaz, tería nove ou dez anos e cheguei a absoluto. Logo estiven un par de tempadas no Aguiño e no Carreira, pero rematei volvendo».

Su habilidad para sortear rivales llegó a abrirle las puertas del Celta. «Era un rapaz, a primeira proba fíxeno moi ben, gustáralles». No tuvo la misma suerte en la segunda: «Tomeino a broma. Son cousas da idade, pensas noutras cousas e non no deporte. Co tempo arrepínteste un pouco». El Compostela fue el segundo gran club que preguntó por él: «Fixen os adestramentos, tiñan bos informes meus, pero non chamaron». El entrenador que había requerido su talento acabó cesado esa misma temporada.

Fútbol doméstico

Quedan pocos jugadores con trascendencia en la comarca que no hayan tenido que sufrirlo en sus carnes. Su estilo se asemeja al de futbolistas como Iniesta o Isco. Conducción, regate, último pase y gol fueron los motivos que obligaron a cada equipo rival a defenderlo en corto.

Sobre lo mejor que le ha dejado el deporte rey, reconoce que ha sido «a xente que coñeces, a afección que che apoia, incluso os árbitros. O que máis destaco é o compañeirismo que existe nun vestiario». En su currículo deja un ascenso perseguido durante años en Aguiño y dos consecutivos con el Palmeira, al que llevó a Primera Autonómica: «Daba gusto ver á xente nas gradas. Aqueles partidos vivíranos tódolos veciños».

Bautista, quien fue su entrenador en A Tasca y Ventín, también dejó marca en él: «Foi unha persoa que sempre se preocupou por nós, aínda que non tivera que facelo». Recuerda una anécdota que, décadas después, sigue muy viva en su memoria: «Era alevín e non podía ir a xogar. Non tiña botas. El encargouse de traermas».

Es por estos detalles que dejarlo no ha sido fácil. Esa sensación de luchar por una meta, ese clímax cuando el balón besa la red, ese fuego que prende en el pecho cuando sabes que será gol. No descarta echar alguna pachanga al fútbol sala y matar el mono con los veteranos, pero no será lo mismo. Toca dejar hueco a las nuevas generaciones. «A ver se o meu fillo sigue os meus pasos, gustaríame adestralo». ¿Quién sabe si la saga Mariño no ha hecho más que empezar?.

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