El mar abandera la producción ecológica

Los productos de una treintena de profesionales barbanzanos tienen la acreditación del consejo regulador, la mayoría vinculados a la actividad pesquera o marisquera


ribeira

La venta de productos ecológicos está adquiriendo cada vez mayor auge, copando estanterías en las tiendas de alimentación y abriéndose hueco entre los consumidores. En la comarca, una treintena de profesionales comercializan sus productos bajo la certificación del Consello Regulador da Certificación Ecolóxica de Galicia (Craega) y el peso que tiene la actividad vinculada al mar queda patente al comprobar que la mayoría trabajan con materia prima procedente de la pesca, el marisqueo o la acuicultura.

En este sentido, es especialmente notoria la apuesta de un grupo de bateeiros de Rianxo por la venta de molusco con este sello. Uno de los mejilloneros adheridos es Juan Jesús Piñeiro, quien explica: «En anos pasados teño vendido bastante para as fábricas».

Sin embargo, entre los inscritos ligados al ámbito marítimo también figuran las conserveras Ría de Arosa Frinsa, así como empresas dedicadas a la manipulación de productos frescos, como Mariscos Camino o Paquito.

Existe una amplia gama de productos, tanto elaborados como frescos, susceptibles de contar con la certificación. Precisamente, el Craega se encargará de promocionarlos participando, con un expositor propio, en la feria Biocultura de Barcelona, considerada la más importante en este ámbito de las que se celebran a nivel nacional.

Un total de trece empresas estarán presentes en el estand y, entre ellas, la muradana Galuriña. La firma, regentada por Carmen Sánchez, está especializada en la elaboración de empanadas de mejillón, berberechos, pulpo o xarda. A estas se suman dos dirigidas especialmente a consumidores veganos, elaboradas solo con algas, o con este vegetal combinado con judías.

Abrir mercados

Explica Carmen Sánchez que esta será su segunda participación en la feria: «O primeiro ano foi para probar e, agora, para consolidar clientes feitos e abrir novos mercados». Su estreno, el pasado año, no le fue nada mal: «Recibín pedidos de Andorra e Cataluña».

La muradana comenta que es positivo acudir a encuentros de este tipo.

La producción ecológica también tiene en el área barbanzana una reducida presencia de agricultores. Este es el caso de José Pérez Somoza y su mujer, Maite Álvarez, que venden bajo el paraguas del sello del Craega los kiwis de su finca. Ella explica que el consumo de productos ecológicos «es un concepto de vida. Una vez que tienes una finca ecológica ya buscas en el mercado ese tipo de artículos».

En cuanto al cumplimiento de los requisitos para revalidar la certificación, Maite Álvarez comenta que no son en absoluto complicados: «Toman muestras de las hojas y de la tierra para verificar que no has empleado sustancias que no están autorizadas.

Sin embargo, Maite Álvarez reconoce que, por ahora, son escasos los cultivadores que deciden someterse a los controles para la obtención del sello del Craega.

Aunque en la comarca continúan siendo minoritarios los agricultores o empresas adheridas, a nivel autonómico el Craega ha visto notablemente incrementadas las ventas de producto ecológico. Desde el consejo regulador indican que se superaron los 78 millones de euros, aunque entre un 20 y un 30 % se comercializa en el exterior.

Mazaricos es el principal productor lácteo de Galicia y, sin embargo, ni un solo litro salido de las granjas del municipio se comercializa con el sello del Craega que, por contra, tiene en esta materia prima a uno de sus productos estrella entre los adheridos a la denominación ecológica.

El desconocimiento de los profesionales sobre esta certificación autonómica y las posibles dificultades para que las industrias recojan la mercancía en la zona pueden explicar los motivos por los que, pese a la importancia del sector en el término, todavía nadie se haya estrenado en el consejo regulador. 

Desde hace un par de años, Pablo Caamaño posee un pequeño terreno en el que la totalidad de productos que cultiva tienen el sello del Craega. Su producción es muy pequeña y, sin embargo, ha traspasado las fronteras de la comunidad: «Chamáronme dous colexios de Madrid, querían uns 300 quilos á semana de hortalizas. Eu non podo proporcionar esa cantidade nin de lonxe».

Durante un tiempo, Pablo Caamaño regentó en Noia un comercio en el que vendía sus cultivos. Sin embargo, acabó traspasándolo: «O que realmente me gusta é traballar na horta».

Actualmente Pablo Caamaño no puede vivir de la agricultura, que compatibiliza con su trabajo como jardinero. Sin embargo, tiene un objetivo claro que espera poder materializar a medio plazo: «A miña idea é mercar unha finca máis grande e poder vivir desta actividade».

Sin embargo, reconoce que su empeño no es sencillo: «A xente aínda ten bastante desconfianza e descoñecemento sobre a agricultura ecolóxica, pero estase expandindo por todas partes».

Junto a otros bateeiros de Rianxo, Jesús Méndez lleva más de un lustro produciendo mejillón con la certificación del Craega. Indica, sin embargo, que los resultados no son lo que esperaba en un principio: «As vendas son pequenas, pero eu penso que isto vai ir para arriba».

Comenta que fueron un grupo de bateeiros los que decidieron operar bajo el marco del Consello da Agricultura Ecolóxica: «Cando empezamos, eu xa dixen que había que agardar uns tres anos para poder avaliar os resultados». Sin embargo, no se da por vencido: «Algúns déronse de baixa, pero eu vou continuar».

Comenta Jesús Méndez que desde el Craega efectúan un control estricto: «Fan auditorías anuais das bateas e debes ter todo baixo control. Tes que levar a conta de cantas cordas desdobrastes, cantas levantaches. Eles fan un seguimento da actividade que se leva a cabo nas estruturas flotantes».

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