Un equipo de Ribeira consigue el premio a los mejores valores en el campeonato gallego de la First Lego League

El jurado tuvo en cuenta que el grupo del Mega Space Team estaba formado por alumnos de seis centros diferentes


ribeira / La voz

Llegaron, vieron y vencieron. Era la primera vez que cuatro equipos de A Pobra y Ribeira participaban en el campeonato gallego de la First Lego League -que se celebró el pasado sábado en Ferrol-, y no pudieron tener mejor estreno, puesto que uno de los grupos ribeirenses del Mega Space Team regresó con un primer premio que distinguía los mejores valores del trabajo colectivo.

La sorpresa fue mayúscula, en primer lugar, porque no esperaban conseguir nada, ya que competían con 300 estudiantes de toda Galicia que tenían mucha más experiencia; y, además, porque su entrenador, Alberto Cascallar, no les había hablado en ningún momento de que se iban a dar galardones. «El objetivo fue siempre aprender y divertirse, por eso nunca les dije que había premios. Cuando llamaron a todos los equipos para la entrega, alucinaron, y todavía más cuando nos dieron uno», destacó.

Entre las cosas que tuvieron en cuenta los miembros del jurado para destacar el trabajo del Mega Space Team estaba que tenía participantes de ambos sexos, con edades de entre 10 y 16 años y que procedían de seis colegios distintos de Ribeira, una situación bastante diferente a la de otros equipos competidores, donde todos los integrantes eran del mismo centro e incluso algunos compartían clase. Además, otro aspecto que también se tuvo en cuenta fue que su entrenador, Antonio Ventoso, era el más joven de todo el campeonato, ya que solo tiene 17 años.

«Aunque a Ferrol yo llevé cuatro equipos, dos de A Pobra y dos de Ribeira, Antonio me tuvo que ayudar con los mayores del Mega Space Team, y luego también tuve la colaboración de varios padres con los grupos de los niños pequeños», señaló Cascallar, quien también destacó que fueron los únicos participantes de toda la competición que procedían de una academia de formación, ya que el resto eran de colegios e institutos.

Muchos nervios y anécdotas

Los nervios estaban servidos al ser la primera vez que se enfrentaban a un reto de robótica de estas características, «pero una vez que empezaron, comenzaron a soltarse. Además, los miembros del jurado los animaban y le ayudaban a que estuvieran más tranquilos», reconoció Cascallar. Las anécdotas tampoco faltaron, sobre todo cuando se registraron algunos fallos en el funcionamiento del robot y los integrantes de un grupo lo cogieron con la mano para volver a empezar. «Cada vez que lo tocaban se le restaban cinco puntos, y como falló varias veces al final le quitaron 20, pero ellos no se dieron cuenta hasta que acabaron».

Sin embargo, toda la experiencia fue un éxito, y los ánimos de los participantes están muy altos. De hecho, ya se han puesto a maquinar alternativas para mejorar y no cometer fallos para la competición del año próximo.

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