Roberto Parada: El ilustrador que sobrevivió a su propio arte

Sus dibujos han ocupado las páginas de revistas emblemáticas como «Time», «Esquire» o «Rolling Stone»

A.G.
ribeira / la voz

Hay amores que matan. Y lo peor de esos casos es que uno no se da apenas cuenta. Te empiezas a sentir cansado, te pesan las piernas, y cuando ya no puedes ni siquiera subir las escaleras que llevan a tu piso, los médicos te diagnostican anemia aplásica. Roberto Parada (New Jersey, 1969) tuvo que dejarlo por mera supervivencia. Paradójicamente, lo que era su medio de vida, la ilustración, estaba mermando su salud hasta el punto de casi matarlo. «Los materiales químicos que utilizaba para limpiar los pinceles me dejaron sin glóbulos en la sangre, me dañaron la médula», cuenta el dibujante. Pero el destino le concedió una segunda oportunidad y, como todos los buenos amores, el arte también.

Ahora hacen falta más que los dedos de una y de dos manos para contar sus éxitos. Ha diseñado varias portadas para revistas emblemáticas como Time o Rolling Stone y sus ilustraciones han cubierto páginas y páginas de publicaciones de renombre. Esquire, Vanity Fair, Mad Magazine o Los Angeles Times han reclamado los servicios de este ilustrador que alcanzó la popularidad, sobre todo, por un retrato del personaje Homer Simpson. «Me pidieron que dibujase un Homer más realista, porque querían evidenciar que las historias de esta serie de animación tienen más que ver con la sociedad actual de lo que nosotros mismos nos creemos», explica el artista, aunque reconoce que esta creación no es, ni mucho menos, su preferida. 

El mar de Ribeira

Aunque nació en New Jersey, Roberto Parada siempre estuvo muy unido a Ribeira, tierra de origen de su padre. Aquí pasó sus veranos de juventud. «Guardo muy buenos recuerdos de aquel tiempo. Me pasaba horas dibujando el mar y los barcos», explica el ilustrador. Y aunque habrá opiniones enfrentadas sobre si artista se nace o se hace, lo que está claro es que el talento de Parada comenzó a fraguarse a orillas del litoral ribeirense. De sus bocetos de estampas marítimas, pasó a copiar las obras de los mejores de la historia y, entre los Miguel Ángel y Rafael, terminó por matricularse en el Pratt Institute de New York: «Estuve a punto de entrar en Bellas Artes, pero mi vocación era más periodística. Por eso, cursé lo que allí se denomina Artes para la Comunicación, donde estudié ilustración y diseño gráfico».

Con su título bajo el brazo, se enfrentó a una travesía por el desierto que duró cinco años. En aquel momento, Parada no sabía qué crear ni cómo hacerlo: «No tenía una buena técnica, ni tampoco ideas». Hasta que en 1997 la revista Esquire Magazine lo cambió todo. Entre sus páginas, se especializó en retratar la situación política y social estadounidense y a sus protagonistas. Sucumbieron a su pincel personalidades tan dispares como los presidentes George W. Bush y Barack Obama, el rapero Eminen, la cantante Adele o Sadam Huseín.

La enfermedad

El año 2003 marcaría un antes y un después en la vida del ilustrador. «Me encontraba de vacaciones en Ribeira cuando me di cuenta de que algo en mi cuerpo no iba bien», relata Parada. Se pasó casi una década de tratamiento en tratamiento para curarse de una anemia aplásica que le agotaba el tiempo, hasta que se sometió a un trasplante de médula: «Por suerte estoy aquí y puedo contarlo. Es una parte muy importante de mi historia».

Pero la enfermedad no mató su amor por la ilustración y la pintura. Durante su recuperación, este americano de origen ribeirense cambió sus materiales de trabajo y volvió a pintar el mar que tanto añoraba: «Fue como una terapia porque, desde que me diagnosticaron, hasta este verano no había podido volver a Ribeira».

Desde entonces, el mundo de la ilustración ha dado un vuelco. Internet está a la orden del día y cada vez se consume más arte a través de las redes sociales. «Si no estás en Instagram, no existes. Muchas veces he subido una foto y al momento me estaba sonando el teléfono. Ahora funciona así. Da pena, pero hay que aceptarlo», explica Parada. También se ha agitado la vida política. Ahora, Donald Trump es quien gobierna Estados Unidos, algo que,reconoce, ha dado vidilla a la actualidad: «Es una buena fuente de inspiración. En medio de todo esto, lo que me apetece es hacer arte que ofenda».

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