Una nueva entrega de fauna veraniega


No ha sido ni uno, ni dos, ni tres, sino bastantes más. Estos días en los que los termómetros se han disparado y nos hemos desempolvado de golpe y porrazo de una primavera de abrigo y paraguas, ha vuelto a aparecer por las distintas calles y plazas de la comarca un clásico look del verano: el que llevan ciertos vecinos a los que les gusta lucir torso porque el calor se hace demasiado insoportable para ponerse una camisa o camiseta, aunque sea de esas de tiras que dejan los sobaquillos al aire libre para poder transpirar. No existe en ellos ningún tipo de complejo ni pudor ?que tampoco tendría por qué haberlo?, pero la estampa de alguien caminando por el casco urbano de Boiro, Noia o Ribeira con el pecho descubierto sigue siendo más que chocante y, cuando menos, le confiere un aspecto de poca higiene, que tampoco tiene por qué ser así, pero eso al menos es lo que parece.

No se trata de prohibir, como ocurre en otras ciudades más turísticas, como Barcelona, Ibiza, Mallorca o Salou, donde caminar por sus calles libre de ropa puede suponer una multa de hasta 500 euros. Lo que está claro es que hay ciertos entornos donde no queda nada bien, y hasta resulta ciertamente incómodo, ver a alguien medio desnudo sentado al lado y sudando la gota gorda sin ninguna prenda que le haga de barrera. La única esperanza para aquellos a los que les horroriza presenciar esta estampa es que son pocos los días de verano que hay en la comarca en los que el calor aprieta con tanta fuerza que se hace necesario desprenderse de la ropa, más bien suele suceder lo contrario, y siempre hay que salir de casa con una prenda de abrigo para cuando refresque.

Peor solución tiene otra moda que también es cíclica todos los veranos, aunque también es extensible al resto del año: la de los grupos de jóvenes, y no tan jóvenes (el otro día vi a unas señoras de excursión), que caminan por la calle con el móvil o una radio a todo volumen, haciendo partícipe al resto del mundo de sus particulares gustos musicales y de la obligación de parar de hablar cuando pasan porque es imposible mantener una conversación.

También los hay que en lugar de caminar van en coche, con todas las ventanillas bajadas y el aparato musical a toda la caña que les permiten los altavoces, acompañando su sonoro paso con alguna que otra arrancada, para dejar constancia que el coche tiene mucha potencia.

En fin, estos son solo algunos ejemplos de distintos especímenes de la fauna urbana que todos los veranos visita la comarca barbanzana ?o ya vive aquí? y que deja constancia de que aún quedan muchas clases de civismo por impartir.

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