Cuando el escudo se lleva en el corazón

Llevan un cuarto de siglo en el Natación Ribeira, en el que empezaron de niñas y en el que ahora siguen como madres


ribeira / la voz

Recuerdan los entrenamientos, los campeonatos, los madrugones... No era sencillo compaginar estudios y natación, pero, si tuvieran que elegir, volverían a hacerlo de nuevo. Sabela Pensado y Uxía Muñiz ejemplifican la pasión por un escudo y los valores de sacrificio y compañerismo inherentes al deporte. Un cuarto de siglo llevan defendiendo los colores del Club Natación Ribeira. Con parones, confiesan, pero son 25 años en los que empezaron como crías para regresar ahora siendo madres.

Uxía Muñiz fue la última en volver a su vieja casa. «Necesitaban gente para disputar la liga, se jugaban el descenso y faltaban nadadoras en el equipo femenino. A la primera les dije que no, pero al final acabé aceptando. Juan Carlos Brión es muy insistente», reconoce entre risas. Sabela destaca entre carcajadas el papel realizado por su compañera: «Me ganó, y eso que vino a entrenar nueve veces».

Su relación se inició cuando ambas comenzaban a chapotear en la piscina de A Fieiteira. No les quedaba otra. Entraban en el agua a las siete de la mañana, «desayunábamos en el coche», confiesan. Iban a clase, volvían a entrenar, y de nuevo a las aulas. «Al salir, íbamos al gimnasio, no creas que acabábamos en el sofá». Los campeonatos gallegos y de España eran sus retos: «Siempre querías mejorar los tiempos». ¿Y los estudios? «Aprobábamos todo», afirman con una sonrisa.

No mienten, Sabela Pensado se licenció en Medicina, Uxía Muñiz, en Magisterio. Ambas compaginan sus trabajos con su familia. «Haber competido creo que nos ayudó. Es como cuando buscas una mínima para ir a un campeonato, sabes que tienes que entrenar, que es un objetivo a medio largo plazo. Es igual que una oposición», reconoce Uxía, quien ejerce como maestra en el colegio de Olveira.

Ahora la natación se ha convertido en una evasión. «Lo necesitas para desconectar», reconoce Sabela, quien incluso llegó a instalar una silla especial para llevar a su hijo en su bicicleta. Amante de los triatlones, busca un hueco siempre que puede para entrenar. «Lo importante es practicar un deporte, en mi casa siempre fue así. No importaba cual, pero te ayuda a aprender disciplina, a tener más confianza en ti misma. Había mucho esfuerzo, pero también mucho compañerismo. Todos los del club acabamos en las bodas del resto», reconoce Uxía, que confiesa que esa tradición del deporte la mantendrá con su hija.

¿Y ahora? «No sé si seguir», confiesa Muñiz que, tras la liga, continúa entrenando. Sabela lo tiene más claro, reconoce entre risas: «Aunque no hagas los tiempos de antes, siempre me acaban liando». No cabe duda de que ambas respiran deporte por los cuatro costados. Sus corazones tendrán siempre tatuados el escudo del Club Natación Ribeira.

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