El jovenzuelo que dio un giro en la política de Ribeira

El ribeirense fue el fundador de Protección Civil en la capital barbanzana


«Me fui como llegué: con la conciencia tranquila y el convencimiento de haberme entregado con dedicación a las responsabilidades que me habían encomendado». Si tuviera que buscar un epitafio para mi amigo Manuel Dieste Mos, sin duda, elegiría esta respuesta extraída de una entrevista que me concedió en febrero del 2008. Ayer puso fin, inesperadamente, a su última batalla, la que venía lidiando desde hace un año contra la leucemia, y lo hizo como había hecho con todo a lo largo de su vida, triunfando, porque sucumbió a la enfermedad tras largos meses de digna lucha, en los que nos enseñó a todos que vale la pena pelear hasta la extenuación, pero sin renunciar a ser uno mismo, porque Manolo, en los eternos días de aislamiento en la habitación de un hospital, seguía siendo el Manolo que conocíamos tanto personal como profesionalmente, sin dejar de atender al amigo, sin dejar de atender su trabajo. Si, triunfando, porque no hay mayor triunfo que aquel que sobrepasa a la vida misma, y Manolo Dieste deja huella, por ser persona digna y leal.

Recuerdo sus primeros pasos en la política, porque tuve el privilegio de transitar a su lado, él como jovenzuelo dispuesto a cambiarlo todo, y yo, consolidando la que sería la profesión de mi vida.

Nada más llegar, dio un giro de timón en la política local logrando la participación de centenares de jóvenes que convirtieron la organización Nuevas Generaciones del PP ribeirense en una de las más numerosas de Galicia. Creó Protección Civil y situó a la agrupación de voluntarios de Ribeira a la cabeza en dotación material y humana. Y sus méritos fueron reconocidos concurriendo a las elecciones municipales como número tres de la lista del PP a la alcaldía de Ribeira, con José Luis Torres a la cabeza y Manuel Ruiz de segundo. Pero pronto empezaría saborear la hiel de la ingratitud y poco a poco se fue alejando, hasta que decidió dar un paso atrás para poner por delante su trabajo, que lo llevó a ocupar la gerencia de la depuradora de Amegrove y, posteriormente, hasta la fecha, la de Remagro.

Ser alcalde

Aunque se estableció en O Grove, no dejó de mirar hacia su Ribeira natal. Nunca lo quiso decir abiertamente, pero me voy a permitir desvelar que tenía una aspiración, que era la de llegar a ser alcalde de su pueblo, de su ciudad, pero su lealtad y honradez le impidieron intentarlo todos estos años.

El viernes 6 de este mes me llamó porque quería asistir a la concentración de apoyo a las fuerzas de seguridad destacadas en Cataluña. Y allí estuve a su lado, como en sus primeros pasos en la política, cada uno en su papel. Me dijo que estaba muy fatigado, que había estado ingresado de nuevo más de un mes. Yo le di ánimos y le dije que luchara. Estoy seguro de que lo hizo hasta el último aliento, porque Manolo siempre fue un valiente.

El funeral y entierro será hoy a las 17.00 horas en Carreira.

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