Ciento seis años y una memoria que envidian hasta sus nietos

La abuela de Carreira sopló las velas en Newark y se emocionó al ver a sus sobrinos de Aguiño a través de la cámara web


Llega una edad en la que las velas dejan de ponerse por unidades sobre la tarta y los dígitos se convierten en la mecha a soplar. A partir de los treinta empieza a ser la opción más operativa. Y, si la cifra supera los cien, el simple hecho de compartir un año más la tarta con los tuyos es el mayor de los regalos.

Aunque a miles de kilómetros de su Ribeira natal, Josefina Rego Hermo celebró su 106.º cumpleaños rodeada de seres queridos. Estuvieron a su lado todos los familiares que acabaron echando raíces en Estados Unidos. Entre ellos, dos de sus hijos, Elvira y José Millet Rego (el tercero, Manolo, vive en Barcelona) y sus respectivos nietos. Uno de ellos, Anthony Parada, cirujano de profesión, al que ve con menos frecuencia, aparecía por sorpresa para arrancarle la primera sonrisa de un fin de semana que quedará grabado en su memoria, esa que ?a pesar de su edad? funciona mejor que la de sus propios nietos, a los que todavía les recuerda dónde dejaron las cosas que no encuentran o qué hace falta comprar para la cocina.

A pesar de que fue ayer el aniversario de su nacimiento, la vecina de Carreira tuvo una fiesta adelantada para poder juntar a la prole en Newark, donde se instaló desde hace ya unos treinta años. Pero también al otro lado del charco se acordaron de ella. Hacia las diez de la noche (hora española) se reunían en Aguiño once de sus sobrinos para darle otra sorpresa que acabó arrancándole las lágrimas. «Ainda que falamos con ela practicamente todas as semanas, esta foi a primeira vez que lle felicitamos o aniversario a través da cámara web, por Skype. Da emoción, botouse a chorar e hasta se quedou sen respiro», cuenta una de sus sobrinas, Pilar Millet.

Desde Carreira, a menos de diez minutos de su casa natal, recibía la llamada de otra de sus sobrinas, María Isabel, quien explica lo apegada que sigue estando su tía a Ribeira. «Cando morreu o seu marido, tivéronlle que prometer que ía ser enterrada aquí, en San Paio de Carreira, porque senón non había forma de que se fora aos Estados Unidos», cuenta.

Salud a prueba de bombas

Además de tener una lucidez mental envidiable, «a peor enfermidade que ten agora, xa o di ela, é a idade», señala María Isabel. De tan buena salud goza a sus 106 años que su mayor deseo es que sus nietos y sobrinos lleguen a su edad «co mesmo aguante». Una fortaleza, por otra parte, que tiene doble mérito, según destacan  sus familiares, porque en los últimos años fueron muchos los golpes que le asestó la vida a esta mujer que, además de atender el hogar y a cuatro hijos, hacía horas extra para coser las velas para dornas que su marido diseñaba. 

«Morreulle un fillo afogado na praia do Vilar cando tiña 13 anos e ese foi un golpe duro, logo o home e, dos cinco irmáns, ela é a única que queda», explica el marido de María Isabel, Juan Ventoso. «Din que se pode morrer de pena e de tristeza, pero este é o exemplo de que non ten por que ser así. Tivo unha capacidade de superación eloxiable», añade.

¿Y el secreto de su longevidad? «¡Quén o soubera!», dicen los suyos. «Xa os seus pais foron lonxevos, el morreu con 89 anos e ela con un máis», indican. De marido e abuelos marineros, siempre le gustó el pescado y respetar sus tres comidas al día. Más allá de eso, el resto es todo mérito propio.

Josefina Rego Hermo. La ribeirense, conocida popularmente como Josefina de Sobreira, nació un 15 de mayo de 1910 en Vixán, Carreira.

Emigración con pacto. Tras la muerte de su marido aceptó irse a Estados Unidos, donde viven dos de sus hijos, con la condición de ser enterrada en Ribeira.

La familia ribeirense de Josefina salva los kilómetros que los separan de ella con la ayuda de las nuevas tecnologías. Una videollamada por Skype o las fotos de la fiesta por Whatsapp mantienen unidos los lazos de un lado al otro del charco.

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