La deuda y la dignidad

Francisco Otero Lijó NO SE RINDAN

RIBEIRA

30 mar 2015 . Actualizado a las 05:15 h.

La deuda odiosa es una teoría jurídica del derecho internacional que sostiene que la deuda externa de un Gobierno, contraída y utilizada contra los intereses de los ciudadanos, no tiene por qué ser pagada. Según Shack, jurista ruso especializado en finanzas públicas, tres son las características para identificar la deuda odiosa: el Gobierno del país recibe un préstamo sin la aprobación de los ciudadanos; el préstamo se destina para actividades no beneficiosas para el pueblo y aunque el prestamista está informado de la situación concede el crédito.

¿Estaba informado el pueblo español del préstamo? ¿Se destinó el préstamo para actividades no beneficiosas para el pueblo? Es de sobra conocida la contradicción del Gobierno de Rajoy, que dice que España nunca tuvo necesidad de rescate, y que solo acudió en rescate de los bancos. Si el pueblo español nunca tuvo necesidad de un rescate, ¿a qué narices vinieron los hombres de negro a España? Si los 42.000 millones solicitados por Rajoy eran para sanear la banca, ¿por qué tiene que pagarlos el pueblo?

Yo, como ciudadano de a pie, no solo estoy confundido, es que me parece que he sido timado por mi propio Gobierno, el de mi partido, al que yo he entregado los mejores años de mi vida y que a día de hoy me tiene no solo desconcertado, sino decepcionado. El PP está encausado por lucrarse de donaciones anónimas ilegales y fraudulentas. El Gobierno acaba de sanear entidades bancarias dirigidas por ejecutivos corruptos con al menos 42.000 millones de euros. Y quiere inyectar a las concesionarias de autopistas de peaje supuestamente deficitarias 3.300 millones de euros? La lista es interminable. Pero, ¿y al padre de familia que lanzan de su hogar con toda su familia, quién le ampara? ¿Quien atiende al dependiente? ¿Quién evita que no se vayan los jóvenes al extranjero?

Se dice que el PP tiene más de 800.000 militantes y yo solo tengo el carné número 1431. Tuve cargos en el partido, como el de secretario local del partido en Ribeira y concejal. Ahora no tengo autoridad, ni representatividad, ni cargo alguno. Pero tengo la dignidad suficiente para decir que lo que veo no me gusta nada.