El molino de Rianxo que abre sus puertas al público para conservar la tradición

María Xosé Blanco Giráldez
m. x. blanco RIBEIRA / LA VOZ

RIANXO

Carmela Queijeiro

Anselmo Miguéns recuperó la vieja construcción situada en la aldea de Buía con la colaboración de su primo

15 oct 2023 . Actualizado a las 19:31 h.

No había en el pasado aldea de Barbanza sin uno o varios molinos, buena parte de ellos de uso colectivo. De hecho, siguiendo el curso de muchos ríos todavía es posible ver las estructuras, casi todas en estado ruinoso. Este panorama llevó al vecino de Rianxo Anselmo Miguéns Abuín a tomar cartas en el asunto. Restauró, con la ayuda de su primo Fran Sóñora, una construcción propiedad de su familia, solo con el objetivo de abrirla al público y contribuir así a conservar la tradición.

Todo comenzó en la época en la que el covid paró el mundo: «O muíño estaba en moi malas condicións, co tellado a piques de virse abaixo. Como os dous estabamos sen traballo, decidimos aproveitar o parón para restauralo», explica Anselmo Miguéns. Él aportó sus conocimientos como albañil y Fran Sóñora puso la parte de la carpintería. Además de recuperar el edificio, una misión en la que colaboraron otros familiares, también limpiaron la presa y el canal que facilitan el acceso del agua.

El Muíño de Veiga, como se conoce, está situado en la aldea de Buía, en la parroquia de Araño, recuperó hace un año la actividad y, desde entonces, no ha dejado de recibir visitas: «Viñeron estudantes e xente de toda a redonda, pero tamén turistas, sobre todo de Madrid e de Barcelona, que pasaron o verán por aquí», comenta Miguéns. En el período estival tuvieron que conformarse con ver la construcción por fuera e inspeccionar los elementos del interior, imaginándose cómo es el proceso de machacado del grano, pero ahora el mecanismo entra en acción cuando, impulsado por un regato por el que ya circula el agua: «É o que máis gusta, cando o poño en funcionamento».

Visitas gratuitas

Tanto Anselmo como otros familiares ponen el molino a disposición de los visitantes de forma altruista: «Se lle cobras á xente non ven ninguén e nós o que queremos é que as novas xeracións, que nunca viron un muíño funcionando, saiban o que é e que os maiores lembren o seu pasado». Como no tienen plantación propia, los dueños del edificio incluso compran maíz para las exhibiciones, obteniendo harina que luego emplean para alimentar a los animales y para fines gastronómicos.

Las puertas de la construcción tradicional incluso se abren cuando un vecino quiere moler grano: «Este tipo de muíños de auga funcionan moi ben e permiten deixar a fariña máis gorda se é para os animais ou moi fina se é para cociñar. Ás veces ven xente de por aquí pedir que lle abramos para facer unha empanada».

En cierta forma, desde Buía también se recupera así la que era una costumbre muy extendida en Barbanza: «Este muíño era antes de varias persoas e cada unha delas, en función da parte que posuía, tiña unhas horas ao día para empregalo», recuerda Anselmo Miguéns. Esta es una de las historias que el rianxeiro cuenta a todo aquel que visita el inmueble, antes o después de explicar la misión que tienen grandeira, reducio, aguillón... y el resto de piezas que intervienen en la molienda.

No hay visitante que se resista a inmortalizar su paso por el Muíño da Veiga, tanto por el interior como por un exterior en el que la pequeña construcción de piedra y teja comparte protagonismo con un riachuelo que ha sido encauzado mediante muretes de piedras.

Los impulsores de la restauración de este inmueble solo ansían que siga despertando el interés del público: «Para nós é un orgullo poder ensinalo. A nosa única pretensión e que a xente veña e aquí estaremos para seguir abríndolle as portas».