Cuando las alumnas venían en barco

Los estudiantes llegaban al Bouza Brey en la motora de Rianxo y en el bus de O Grove


redacción / la voz

No hace tanto, la puerta trasera del Instituto de Fontecarmoa, Fermín Bouza Brey, parecía el acceso a una estación de autobuses. A las nueve de la mañana y a las dos de la tarde, había más autocares allí que en la verdadera estación de Vilagarcía. Estaban los de La Unión, los de Núñez, los de Pereira… Partían o llegaban expediciones desde O Grove y Vilalonga, desde Cesures y Cordeiro, desde Catoira, desde Bamio, desde Vilanova, desde Rubiáns…

No hace tanto, al Bouza Brey, que entonces no tenía nombre y era, simplemente, el Instituto de Formación Profesional de Vilagarcía, venían alumnas en la motora verde que zarpaba cada mañana desde el puerto de Rianxo. Era un barco precioso, siempre cargado de cajas de verduras, de señoras que venían al médico a Vilagarcía y de dos alumnas que estudiaban Secretariado en Fontecarmoa. Otros alumnos arribaban desde A Illa. Para ellos, era toda una aventura venir a clase. Los había que cogían el bus en una punta de A Illa de Arousa, se bajaban en el Varadoiro do Xufre, subían a la motora, navegaban hasta el puerto de Vilanova, cogían otro autobús de La Unión y estaban puntuales en Fontecarmoa en clase. Eso sí, los días de temporal se les autorizaba a faltar.

Eran otros tiempos y cuando pensamos en otros tiempos, siempre los asociamos con sacrificios e incomodidades. Era duro cursar cinco años de Administrativo o Electrónica levantándose todas las mañanas a las seis y media y metiéndose en el cuerpo un tute de casi una hora de bus desde O Grove, la locura isleña del combinado bus-barco-bus o la lírica travesía desde Rianxo en un barquito verde cargado de repolos. Así eran las cosas hace 40 años y así no queremos que sean.

La situación ha cambiado tanto que a aquella estación de autobuses de Fontecarmoa hoy solo llega un microbús de 25 plazas con 19 alumnos. El Bouza Brey es ya un instituto de cercanías, de alumnos, fundamentalmente, de una barriada joven y viva, O Piñeiriño, que en los 80 estaba naciendo y hoy es uno de los núcleos de población más activos e inquietos de la ciudad.

Hasta 1992, en Fontecarmoa solo se podía cursar Formación Profesional. Se trataba de una FP diferente a la de ahora, entendida como una formación tan especializada como integral en la que tenían importancia las humanidades. Los alumnos estudiaban lo último en electricidad o construcciones metálicas, pero también Literatura, Historia y Biología. Después, se optó por la especialización pura, los ciclos de Administrativo y Secretariado se fueron al Armando Cotarelo y en el Bouza Brey se quedaron Electricidad, Metal, Electrónica y Automoción. Tenía prestigio aquel instituto y las empresas se rifaban a los alumnos que acababan sus estudios técnicos.

En los institutos de Sobradelo y Fontecarmoa, se implantaron la ESO y el Bachillerato y así, híbridos, se han mantenido durante 30 años. Su caso es una muestra evidente de que en España hay dos enseñanzas con las que nunca se ha sabido bien qué hacer: las de Formación Profesional y las de Régimen Especial o enseñanzas artísticas, es decir, Arte Dramático, Música, Danza, Diseño, Cerámica, Restauración y Vidrio, que fueron grados con Zapatero, estudios superiores con Rajoy y de nuevo grado con la nueva ley de educación, pero nunca han sido tomadas en serio. Este gobierno tan denostado y criticado parece haberse replanteado ambas enseñanzas y, además de preparar, por fin, una Ley de Enseñanzas Artísticas, se va a acometer la reforma de la Formación Profesional.

Es en ese punto donde aparece en el horizonte la posibilidad de que el Bouza Brey vuelva a ser lo que era: un instituto exclusivamente de FP, o sea, un CIFP (Centro integrado de Formación Profesional) como los de Ribeira, Pontevedra y Lamas de Abade en Santiago. El CIFP de Fontecarmoa impartiría los ciclos medios de Mantenimiento, Electricidad, Automoción, Baloncesto y Vela y los superiores de Mecatrónica, Robótica y Baloncesto además de la FP dual en Mecatrónica.

Lo ideal sería convertir el instituto en una especie de campus profesional al que se trasladaran las especialidades que se imparten en el Armando Cotarelo: 12 ciclos formativos relacionados con la informática, el comercio, la gestión administrativa, la gestión de ventas, las finanzas, el márketing y la publicidad. Para ello, habría que ampliar las instalaciones, pero el resultado sería un centro de formación de referencia en el que se establecería un espacio de sinergias y complementariedad muy enriquecedor.

Este proyecto tan interesante para el futuro de Vilagarcía y de la comarca choca con los intereses de los padres, plantea problemas de transporte y conciliación y se argumenta que pasar del colegio de O Piñeiriño al Bouza Brey es menos traumático que tener que trasladarse al Cotarelo, unido a O Piñeiriño por una peligrosa carretera y sin distancia suficiente para poner transporte escolar.

Sospecho que si leen esto aquellas muchachas que con 15 años venían en barco cada amanecer desde Rianxo o A Illa hasta Fontecarmoa no entenderán nada, pero los tiempos son los que son y los padres queremos lo mejor para nuestros hijos. Sea cual sea la decisión, desde Educación debe hacerse un esfuerzo para aportar, tanto a los padres como a los hijos, seguridad, calidad de vida y excelencia educativa.

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