Alfredo Olmedo y Charo Froján: Alcanzar el éxito internacional es cosa D-Due

La marca rianxeira consiguió triunfar en el mercado japonés con sus diseños y la calidad de sus prendas

A. G.
ribeira / la voz

Ser diseñador y ganarse la vida con ello puede parecer una utopía, pero hay casos que demuestran que con esfuerzo y dedicación es posible. Es el ejemplo de Alfredo Olmedo y Charo Froján, que hace ya más de diez años decidieron apostar todo por la moda y consiguieron triunfar en el mercado internacional.

Froján lo lleva en la sangre, ya que creció rodeada de las telas y patrones de las instalaciones de la empresa de confección que tenía su familia en Rianxo. Esto la llevó a estudiar Diseño y terminar su formación en Milán. Volvió de Italia, precisamente, para montar su marca, D-Due. Cuando comenzaba a dar los primeros pasos de la mano de su firma conoció a Olmedo, la persona que necesitaba y que estaba buscando. Hasta ese momento él nunca había pensado en dedicarse a esto: «Yo vengo del diseño gráfico, no tenía ni idea de moda».

Froján y Olmedo, cada uno en su terreno, consiguieron fundir inercias y consolidar la entidad. El diseñador está seguro de que el éxito se debe al impulso que se dieron mutuamente: «Conseguirlo una persona sola era imposible. Charo tenía conocimiento del producto y del oficio; yo dominaba la parte creativa, así que nos entendimos a la perfección desde el primer día».

El principio del camino

Buscaron un nombre que representase la unión de dos personas muy diferentes con un objetivo común. Después del rompecabezas para encontrar algo viable tanto en España como en el extranjero, dieron con el que para ellos define su esencia, D-Due: «Dos personas que se unieron para apostar por esto, ‘los dos'».

Procedente de otra rama del diseño, Olmedo no sabía a qué se iba a enfrentar. «Cuando te ves ante el tejido por primera vez te das cuenta de que no es nada fácil». Se encaró con un cambio de superficie, pero pudo mantener sus ideas: «Al final tejido y papel valen para lo mismo. Son mundos muy distintos, pero paralelos».

El taller lo tenían en casa, pero el éxito de D-Due fue cosa de dos personas que decidieron arriesgarse a cruzar fronteras con su arte. Sus raíces siguieron en el mismo lugar, Rianxo: «Detrás tenemos un equipo que ya es casi de la familia». En gran parte gracias a esto consiguieron asentarse en un mercado tan desconocido como el japonés. «Es un comercio muy receptivo con el diseño y la vanguardia, lo que permite explotar 100% nuestra creatividad». Pero ambos dicen que son, a su vez, muy exigentes con la calidad del producto.

Es aquí donde entra en juego el pequeño negocio familiar de Froján, que les asegura que en la elaboración de cada pieza se cuida hasta el último detalle. Confiesan que esta es la clave de su éxito, ya que fue la calidad de sus prendas lo que les permitió ganarse un puesto importante en la moda del país nipón.

De Rianxo a Tokio

Olmedo y Froján supieron darle a los japoneses lo que querían, adaptándose a sus demandas: calidad, delicadeza y ternura. Es lo que ellos denominan kawai, algo que, como explican, entraña «afecto, deseabilidad e ironía. Es algo muy suyo». Transmiten estos valores con su ropa y con la colección de mascarillas que hicieron ante la emergencia sanitaria: «Es un mercado que ya conoce bien el producto, lo hicimos en un momento muy puntual porque lo consideramos necesario».

Viendo que la mascarilla ha venido para quedarse y tras el éxito que tuvieron en Japón y EE.?UU, decidieron empezar a trabajar en lo que es, hasta el momento, su proyecto más especial: «Por primera vez no es un asunto propiamente de moda, sino algo que exige una gran responsabilidad». Olmedo apunta a la necesidad de recordar su importancia en todo momento: «No debemos olvidarnos nunca de que es una medida sanitaria». Por eso, su elaboración conlleva un largo proceso de verificación de su seguridad.

El éxito de sus colecciones es fruto del amor y la dedicación. Muchas horas de trabajo que se ven reflejadas en los productos. Pero la gloria no depende únicamente de ellos, ya que una vez que salen los artículos la suerte está echada: «Lo mandas al mundo y ya no tienes ningún dominio sobre él». Por ello, a todo aquel que esté pensando en entrar en el sector de la moda, le aconseja entregar el alma. «De saber lo que hay detrás de la parte creativa no sé si me habría metido en esto», bromea. El mensaje a futuros modistas lo tiene claro: «No se lo recomiendo a nadie que no esté dispuesto a los vaivenes».

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