Las cicatrices de la alta velocidad

Tres años después de la puesta en servicio del puente sobre el Ulla, los vecinos de Isorna siguen esperando que les devuelvan sus tierras de cultivo tal y como estaban

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Ribeira / La Voz

El puente sobre el río Ulla del eje atlántico de alta velocidad es uno de los símbolos del AVE en Galicia, una estructura icónica que pese a su estridente color verde los vecinos de ambas orillas del cauce ya han asimilado como parte del paisaje. Sin embargo, los trabajos para levantar el viaducto abrieron en la tierra heridas mal cicatrizadas que mantienen en pie de guerra a los habitantes de la parroquia rianxeira de Isorna. Bajo el imponente puente, el terreno que antes de la llegada del tren estaba labrado y producía «de todo» hoy se ha convertido en un matorral, un espacio yermo y pedregoso en el que solo crecen retamas.

Al pie de los enormes pilares que han cambiado para siempre la orografía de Isorna, un grupo de afectados se queja amargamente del antes y el después de sus fincas. Sus propiedades no fueron expropiadas, se ocuparon temporalmente para ejecutar la obra del viaducto del Ulla, y a muchos ni siquiera les notificaron la reversión del terreno ni han firmado ningún documento al respecto, así que no asumen tampoco la eliminación de la abundante maleza que lo invade todo. Aunque ese es el menor de los problemas: «Fixeron o que lles deu a gana, quitaron a terra, desfixeron os regos e os camiños e non deixaron nada».

Cualquiera podría pensar que los vecinos dejaron hacer a la empresa hasta que no hubo vuelta atrás, pero no es así: «Imos fartos de protestar, cando aínda estaban traballando aquí houbo xente que veu queixarse para que deixaran as cousas como estaban». Conchita es una de ellas. No solo lamenta que todo el terreno ocupado haya quedado sin la fértil capa de tierra vegetal que tenía antes, también señala otras carencias: «Non deixaron camiños, temos que ir polas fincas dos demais, e iso non é así. Aínda que quixera, eu non podo ir limpar a miña finca porque non podo pasar, non hai por onde ir».

Mojones movidos

Otra mujer trata de ubicarse sobre el terreno, algo bastante difícil teniendo en cuenta que los mojones -unos cilindros de hormigón- que se colocaron tras las obras rodaron ladera abajo arrastrados por el agua de la lluvia y están dispersos sin orden ni concierto: «A nosa leira tiña un rego e un arró, e había un muro que ía para as leiras do outro lado. Agora xa non se sabe onde está. Antes plantabamos patacas e poñiamos de todo ¿e agora que temos? Codesos e xestas, nada máis. Imos fartos de protestar e non facemos nada».

Desde la carretera hay un único camino que permite adentrarse entre retamas y arbustos que cierran el paso y que alcanzan fácilmente los dos metros de altura para acercarse al puente, pero «nin sequera está claro que o acceso que había antes pasara por aquí». Lo que sí es seguro es que el paraje que hoy se dibuja no tiene nada que ver con el que había hace una década: «Este era un terreo fértil que producía patacas, millo, legumes e de todo. E agora non hai nada. Un veciño plantou uns castiñeiros e secaron todos».

El gran problema que ha cambiado las plantaciones de patatas y maíz por una enorme extensión de retamas y tojos es que, finalizada la obra, no se canalizaron adecuadamente las aguas y ese hecho derivó en el resto: «Acabaron en agosto, ese outono choveu moito e a pouca terra que había arrastrouna toda a auga, que baixaba a libre albedrío».

Algunas cartas

Una de las quejas de los vecinos es que la mayoría no recibió ninguna notificación para ocupar sus fincas finalizadas las obras y comprobar que todo estaba en orden. Otros, como Javier, sí recibieron un escrito por correo ordinario: «Vin aquí dúas veces para o replanteo e ver como quedaba a finca e aquí non había ninguén».

«O peor é que non hai con quen falar», lamenta Carmen. Así que se han planteado otras medidas de protesta y han solicitado la ayuda del Concello de Rianxo para elaborar escritos de queja individualizados que enviarán al Defensor del Pueblo. No piden nada de otro mundo: «Que limpen, que traian tractores e que nos deixen as fincas como estaban».

«Teñen que volver e non debiamos deixalos pasar»

Las quejas de los vecinos de Isorna por este asunto no son de ahora, pero han cobrado nueva fuerza después de que el pasado mes de marzo se hiciera pública la lista de los cerca de 40 predios a ocupar para realizar una nueva actuación en las inmediaciones del puente del Ulla: «Agora que van expropiar e teñen que volver non debiamos deixalos pasar ata que arranxen isto», proponía una mujer, mientras otra vecina apuntaba: «A rabia que me dá é que daquela a xente confiou e aceptou o xustiprezo e mira agora como está todo». Lo que se va a hacer ahora es la instalación de la infraestructura necesaria para llevar a cabo el mantenimiento del viaducto de la línea de alta velocidad.

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