El aumento de las restricciones deja un reguero de reservas canceladas en Porto do Son

Francisco Brea
Fran Brea RIBEIRA / LA VOZ

PORTO DO SON

Javier Molinos considera que en el interior del local es más fácil vigilar a los clientes
Javier Molinos considera que en el interior del local es más fácil vigilar a los clientes CARMELA QUEIJEIRO

La limitación de la movilidad con la comarca de Barbanza y Santiago tiene un gran impacto en el sector

05 mar 2021 . Actualizado a las 05:00 h.

Nadie se esperaba que el comité clínico elevase el nivel de restricciones en Porto do Son. Un brote familiar está detrás de esta decisión que se toma, según explicó el conselleiro de Sanidade, Julio García Comesaña, por estar «traballando nun contexto de anticipación». Desde este viernes, los sonenses no pueden desplazarse a otros concellos de Barbanza ni a localidades como Santiago, y los vecinos de estos municipios tampoco pueden acercarse al sonense.

Esta circunstancia ya ha tenido sus primeras consecuencias. En el primer fin de semana de la desescalada, la localidad estuvo muy concurrida y se esperaba que estos días, en los que también se prevé buen tiempo, sucediese lo mismo.

«Para estes días caeron moitas reservas feitas e aquí tamén vivimos das persoas de fóra»

«Eu tiña dúas reservas de habitacións que xa están anuladas», comenta Manolo Prieto, desde la pensión y restaurante O Noso Bar, en Portosín. Él reconoce estar desolado, hasta el punto de que «xa da igual abrir que ter que pechar». Lo peor es que considera que «o panorama non é bo. Xa ata falamos de parar e volver nos meses de xullo e agosto, esperando que o verán sexa bo, porque se é malo igual hai que pechar a porta en setembro».

Miedo a que se extienda

Javier Molinos, desde el hotel gastronómico Vila do Son, comenta que uno de los mayores temores es que el virus se extienda «aos concellos limítrofes e volva a limitarse a mobilidade». Recuerda que el pasado fin de semana dio de comer a mucha gente de Santiago y Ribeira: «Para estes días caeron moitas reservas feitas e aquí tamén vivimos das persoas de fóra, que viñeron ás súas segundas residencias a ver como estaban e, como non tiñan nin para cociñar, decidiron saír a comer».

Sin dudar que la salud «ten que estar por diante», Molinos tampoco entiende las medidas tomadas en Porto do Son: «A xente nas terrazas xúntase máis, están de pé, atópanse con coñecidos que pasan pola rúa... No interior dos locais podes ter máis control e os clientes están sentados».

Para algunos, como Jorge Romero, de la cervecería O Axexo, lo peor es «non poder traballar o interior do bar». Considera una decisión arriesgada haber abierto la hostelería y la movilidad a la vez: «Non sei se é o máis adecuado. Entendo que xente de Santiago e outros concellos queiran vir, pero a fin de semana pasada houbo momentos nos que estivemos sobrepasados». Y con la opción de solo utilizar la terraza, reflexiona: «Agora vai facer bo tempo, pero canto vai durar?».

Jorge Romero servía este jueves por última vez una consumición en el interior de su local hasta que se vuelvan a relajar las restricciones
Jorge Romero servía este jueves por última vez una consumición en el interior de su local hasta que se vuelvan a relajar las restricciones CARMELA QUEIJEIRO

Además, las obras, que Romero ve necesarias, de la fachada marítima que se están llevando a cabo en Porto do Son limitan todavía más la posibilidad de sacar las mesas a la calle: «É un momento moi complicado». El hostelero dice no entender que se hayan elevado las restricciones, y es que «incluso na rolda de prensa do conselleiro preguntaron especificamente por nós». No oculta que los profesionales del sector en el municipio están desmoralizados.

Resignación

Romero piensa en compañeros como Julia Vázquez, que a escasos metros regenta la tapería O Chinto: «Ela non pode poñer terraza e vai ter que pechar». La propia aludida apuntaba que retomó la actividad «con moitas ganas», y que verse obligada a parar una vez más «fastidia, pero xa non se pode facer nada».

En la calle, entre los vecinos, lo que impera es la resignación. Aunque hay los que consideran que este «paso atrás» puede ser necesario para evitar males mayores, también se ve como un contratiempo el no poder desplazarse a concellos como Ribeira o Noia.