Joaquín Avilés: «Naveguei polos mares dos cinco continentes»

LOBOS DE MAR | El sonense pasó su vida profesional en plataformas de petróleo y faenando en diversos tipos de barcos


ribeira / la voz

Porto do Son es tierra de hombres de mar. Son muchos los vecinos que viven de este medio. Unos trabajan en la ría, mientras que otros decidieron coger la maleta en busca de nuevos horizontes y diferentes perspectivas con objetivos muy distintos. Uno de estos aventureros, obligado por las circunstancias y con el único propósito de mejorar la calidad de vida de su familia, fue Joaquín Avilés García (Porto do Son, 1944).

La salitre ya circulaba por sus venas a muy temprana edad. Su familia siempre estuvo ligada al mar: «Sempre tivemos barcos». Su destino estaba muy claro, la pesca era su futuro: «Fun mariñeiro toda a vida, dende moi pequeniño». Corría la década de los 50 y había que arrimar el hombro en casa. Con poco más de 9 años, los madrugones de Joaquín Avilés eran para dirigirse al puerto en vez de a la escuela, donde aguardaba la embarcación familiar para salir a faenar. Explica que «daquela iamos ao abadexo e á robaliza a pescar coa liña. No verán traballabamos co xeito á sardiña».

El sonense recuerda que eran jornadas interminables: «Normalmente iamos nove persoas en dous botes e chegabamos a Fisterra. O barco era a vela, pero xa empezaban os motores de gasolina. Nós tiñamos un na embarcación, aínda que andaba moi pouquiño». Largas travesías y muchas horas de mar a pesar de que pasaban casi toda la semana por los puertos de la Costa da Morte para regresar los sábados a casa: «Era moi duro», reconoce.

Joaquín Avilés comenta que ahora la actividad «é bastante máis fácil. Teñen máis días de descanso. Antes, nós non sabiamos cando era domingo nin xornada de festa. Había que gañar o xornal. Era un traballo moi duro dado que tampouco contabas coas comodidades de agora e andabas case sempre mollado, pois a roupa de augas era moi mala. Ou eras forte ou xa sabías que tiñas que cambiar de profesión. Era unha ocupación moi escrava e sen comodidades».

 Pequeños sustos

Navegar en aquellas condiciones no era tarea fácil. Reconoce que en su vida profesional «tiven moita sorte, pois non pasei apenas sustos no mar. Unha vez, cando era un rapaz, dou volta o barco e fomos todos a auga aquí na ría, pero por fortuna nunca me pasou nada».

A los 14 años, Joaquín Avilés no se conformaba. Decidió conocer mundo y mejorar sus ingresos. Sabía que en los barcos que faenaban en el Gran Sol los sueldos eran muy superiores. Cogió la maleta y se marchó hacia aguas mucho más inhóspitas y peligrosas. La pesca de bacalao en Terranova también fue otro de los caladeros a los que acudió para dedicarse a la actividad extractiva en un lugar en el que las condiciones eran extremas. Aún así, explica que en su época era más duro trabajar en el Gran Sol: «A maioría dos barcos eran moito máis cativos e de madeira. Había accidentes con frecuencia nunhas condicións de traballo moi duras e case sempre con mal tempo. Era fácil levar golpes. Afortunadamente eu tiven varios contratempos, pero todos eles sen importancia».

Los años transcurrían y llegó el momento en el que debía hacer el servicio militar. Fue llamado a filas en 1964 y, por su condición de marinero, le esperaba un barco, pero en Guinea, cuando todavía era territorio español.

Cuando llegó al país africano las cosas ya no estaban demasiado tranquilas. Las calles eran peligrosas por las revueltas que reclamaban la independencia. «Botei dous anos na fragata Pizarro. Eramos os que vixiábamos as costas, pero apenas saiamos do barco. Só algunha vez a dar un paseo ou ao cine. Iso si, pasámolo moi ben porque era un rapaz».

La marina mercante fue su siguiente destino y Holanda el centro de operaciones. Una empresa de los Países Bajos lo acogió con los brazos abiertos y en ella pasó por diferentes puestos. Desde las plataformas de petróleo a navegar en todo tipo de embarcaciones. «Toquei portos de todo o mundo. Estiven en numerosos países. Naveguei polos mares dos cinco continentes, desde o norte de Europa ata América, o Mediterráneo. Dende Venezuela ata Estados Unidos. A costa americana recorrina toda. África era outro destino frecuente. Alí había moita miseria na maioría dos países. Liberia, Singapur, Taiwan... Dei varias veces a volta ao mundo en diferentes barcos». Turquía, Asia, Panamá, el canal de Suez o Australia, entre otros, eran destinos frecuentes en sus viajes, aunque en algunos lugares «non podías baixar polo perigoso que resultaba».

 Regreso a casa

En 1984 regresó a Porto do Son, donde tenía un barco con el que trabajó durante unos años. Esta actividad no le llenaba y los cementeros españoles fueron su última parada profesional. Recorrió las costas de la Península y las islas hasta que se jubiló.

Ahora echa la vista atrás con nostalgia y reconoce que se fue a la aventura cuando era «un rapaz para xuntar cartos para unha casiña e para comprar un barco. Era no que pensabas. Agora non teño esa preocupación».

Lo que echa de menos de esa etapa es: «A xuventude, pois saías e todo era festa e agora todo é negro». A sus 76 años, Joaquín Avilés invierte su tiempo en pasear y en ayudar a su hijo, armador de un cerquero, así como en cuidar a su madre que tiene 101 años. Es el reposo de un auténtico lobo de mar.

Más en detalle

Varios destinos. Durante varios años estableció su residencia en Holanda, donde trabajó en la marina mercante y plataformas de petróleo.

Etapa final. Antes de jubilarse estuvo en barcos cementeros. Joaquín Avilés se jubiló hace veinte años.

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