El alma de Galicia vive en Porto do Son

Extensas playas y bellos parajes naturales, su gastronomía local y enclaves únicos como el castro de Baroña conforman los atractivos de este municipio


Ribeira / La Voz

Paisajes naturales de vértigo que combinan playa y bosque, una excelente gastronomía y una cultura e historia en las que perderse conforman la gran carta de presentación para aquellos que deciden conocer Porto do Son. Sin duda, una elección perfecta que siempre resulta inolvidable, porque este municipio condensa todo lo que lo que el visitante busca cuando pone un pie en Galicia.

Da igual que sea para disfrutar en familia, en pareja, con amigos o solo, Porto do Son cuenta con una serie de arenales que quitan el hipo. Con 1,3 kilómetros de fina arena destaca Aguieira; con 1,2, Queiruga; y con 790 metros, As Furnas -donde pueden visitarse varios escenarios de la serie Fariña-. Las tres son perfectas para la práctica del surf o del bodyboarding, pero si se prefiere mayor tranquilidad la visita a Area Longa, Seráns, A Arnela, Subiglesia, O Dique, Caveiro, Ornanda o A Gafa y Coira -estas dos últimas en Portosín- es obligatoria.

No obstante, la primera parada en Porto do Son debe ser la del castro de Baroña, donde se encuentran los vestigios de uno de los asentamientos fortificados mejor reinterpretados y conservados del territorio gallego. Además de suponer un paseo genial por la historia, el atractivo natural del enclave rocoso pone la guinda con unas vistas a la boca de la ría de Muros-Noia dignas de enmarcar.

Precisamente, todo Porto do Son simboliza un balcón al mar que encuentra pedestales geniales en miradores como los de A Atalaia -ante la bonita capilla marinera de mismo nombre- Caveiro, A Arnela y, por supuesto, el del icónico Monte Enxa, a 539 metros de altitud.

El puente medieval

Reducir el valor de la historia sonense únicamente al castro de Baroña sería un gran error, ya que el municipio cuenta con auténticas joyas como el puente medieval de Xuño. Localizado en un bosque de ribera, entre castaños y carballos, se encuentra esta construcción de la alta edad media sobre el río Sieira. Construido en piedra de sillería destaca por su arco apuntado.

De igual manera, Porto do Son también alberga numerosos petroglifos entre los que se encuentran los de A Laxe da Sartaña, en el lugar de Tarrío en Queiruga, los de A Braña das Pozas, cerca de la propia villa sonense, o el de Campo Grande, en Caamaño. Otra de las estaciones de arte rupestre que merece la pena conocer es la del monte de A Gurita, próximo a la iglesia de Baroña, o el de A Picota, en Goiáns.

El municipio sonense también permite perderse en entornos naturales únicos, como las lagunas de Xuño y San Pedro de Muro, un sitio perfecto para los amantes de la ornitología, ya que permite observar un sinfín de aves migratorias o interesantes especies como la píllara das dunas (el chorlitejo patinegro).

Asimismo, si lo que se quiere conjugar es naturaleza y senderismo, en el municipio hay distintas rutas. Una de ellas conduce a un auténtico tesoro en forma de salto de agua, la cascada de Ribasieira, muy cercana a la capilla de A Madalena.

Arte religioso

Y es que en materia de templos religiosos, Porto do Son tiene una buena lista de ejemplos, como la capilla de O Loreto, junto a su famoso bosque y área recreativa. Esta cuenta con uno de los tipos de cruceiros característicos de la zona, denominados de capeliña. La iglesia de Santa María de Xuño también es representativa y llama la atención su pequeño rosetón y la imagen de la virgen. Tampoco se queda atrás la capilla de San Benito de Seráns, donde al igual que en O Loreto tiene lugar una histórica romería.

No se deben pasar por alto los equipamientos de categoría que conforman instalaciones como las del Real Club Náutico de Portosín. Por otra parte, en el municipio sonense hay instaladas distintas firmas que ofrecen servicios de turismo activo como paseos a caballo, travesías guiadas en kayak o clases de surf y otras disciplinas similares.

El broche perfecto lo pone un sector hostelero que va desde chiringuitos instalados en puntos privilegiados a restaurantes y establecimientos hoteleros.

La joya arqueológica

Cuando uno se imagina un castro, inmediatamente le viene a la mente el de Baroña. Considerado como una de las joyas arqueológicas de Galicia, este asentamiento, que data de entre los siglos I a. C. y I d. C., permite conocer a la perfección el esquema de estos antiguos poblados fortificados. Las distintas intervenciones han permitido reinterpretar sus dos murallas y construcciones en un escenario cuya puesta de sol rivaliza con su historia. 

El paseo marítimo de Coira, en Portosín, permite disfrutar de estampas como esta
El paseo marítimo de Coira, en Portosín, permite disfrutar de estampas como esta

Kilómetros de pisadas al lado del mar

Tras una jornada de playa o visitando distintos parajes, Porto do Son también es perfecto para relajarse con una caminata por los paseos marítimos que caracterizan a esta villa marinera y que ponen a disposición del visitante kilómetros de pisadas con el mar como telón de fondo.

El paseo de A Arnela cuenta con su propio mirador, pero no tiene nada que envidiar al que discurre por el muelle de la localidad hasta Caveiro o a uno de los puntos más visitados, el de Coira, en la parroquia de Portosín.

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