Dolores Pérez: «Después de trabajar tanto, hay que aprovechar lo que queda de vida»

La sonense ha decidido jubilarse y cerrar uno de los locales emblemáticos del concello


ribeira / LA VOZ

Nunca en su vida se le había pasado por la cabeza montar una pastelería y «todo surgió por casualidad. Había cerrado una que había aquí al lado, y mi madre me animó a ponerla en marcha». Y desde entonces han pasado ya 37 años en los que Dolores Pérez ha estado detrás del mostrador de la confitería Maylo, uno de los establecimientos más emblemáticos de Porto do Son, que el pasado domingo echaba el cierre.

Todo comenzó en febrero de 1983. La sonense acababa de quedarse sin trabajo con 26 años y decidió que no era una idea tan descabellada montar un negocio, así que arreglaron parte de la salita de la vivienda familiar en la calle Camiño Novo y la convirtieron en una tienda. Como no tenía ninguna formación como repostera, ni posibilidad de tener un obrador, decidió trabajar con el producto de una pastelería muy conocida en la comarca -Fina-, lo que contribuyó a que los clientes no parasen de entrar en Maylo; que bautizaron así porque era la combinación del nombre de su madre, María, y del suyo, Lola.

Con el tiempo, el negocio fue creciendo, y tuvieron que ampliarlo cogiendo otra parte de la casa, e incorporando nuevos productos, sobre todo dulces y chuches, pero también helados en la temporada de verano, en la que incluso instalaron una terraza que ayudó a animar la calle. Dolores confiesa que siempre le gustó trabajar de cara al público, y por eso «no tengo ningún mal recuerdo de todos estos años. Al contrario, además hubo un tiempo en que los chavales que ahora tienen sobre 40 años estaban siempre en la puerta de casa. Venían a comprar chuches, y luego se quedaban aquí, era como un punto de encuentro».

Muchas alegrías

Abrir la pastelería fue un momento de mucha ilusión, y el negocio no le ha dado más que alegrías, pero la sonense reconoce que la crisis económica también se hizo notar. Explica que, «aunque aquí llegó más tarde que al resto e España, yo creo que desde el 2009 -cuando hice la última reforma- hasta estos últimos años no fue nada fácil. Fuimos sobreviviendo pero pasando algunos apuros, como todo el mundo».

Para Dolores Pérez, el 2020 ya era el año que se había fijado para jubilarse. «Me costó mucho tomar la decisión, porque si quería podría seguir abierta, pero después de trabajar tanto, hay que aprovechar lo que queda de vida», apunta, para luego recordar que en este trabajo no existen los domingos ni festivos, que precisamente son los días con más encargos.

Además, con el cierre de Maylo, el municipio sonense se queda sin ninguna pastelería, y la sonense lo lamenta mucho por todos sus clientes, «porque este es un negocio de toda la vida y a ellos les da mucha pena que cierre, pero a la vez también se alegran por mí».

Aunque ya lo tenía muy meditado, la crisis desatada por la pandemia del covid-19 provocó que Dolores Pérez acelerara un poco su decisión de bajar la verja de Maylo, aunque esto supusiera que no pudiera hacer una fiesta de despedida después de tantos años detrás del mostrador. Por el momento, la sonense todavía no ha decidido como va a disfrutar de su merecida jubilación, «solo quiero que pase todo esto del coronavirus y luego haré planes».

Maylo. La pastelería abrió sus puertas en febrero de 1983, y se bautizó así porque es una palabra que une el nombre de su madre, María, y el suyo.

Productos. El negocio comenzó con una pequeña tienda que abrieron en la parte de abajo de la vivienda familiar y luego se fue ampliando.

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