Se buscan voluntarios para recuperar el patrimonio de Baroña

La comunidad de montes pide ayuda para sacar adelante la puesta en valor de la capilla de San Tomé


Ribeira / La Voz

Conservar el patrimonio es cosa de todos, pero esa máxima rara vez acaba traduciéndose en proyectos participativos, salvo en Baroña. Esa es, al menos, la intención de la directiva de la comunidad de montes, que busca voluntarios para colaborar en el proyecto de puesta en valor de la capilla de San Tomé, abandonada y expoliada durante décadas.

Hace un par de años se realizó una primera intervención que permitió desenterrar los escasos restos de un templo tan antiguo como desconocido. De hecho, estaba tan destruido y llevaba tanto tiempo oculto bajo un montículo de tierra y maleza que se daba por desaparecido. En el 2017 se sacó a la luz la estructura, y el objetivo de la segunda fase del proyecto -que acaba de ponerse en marcha- es consolidar lo que queda de los muros y excavar el entorno en busca de más información sobre una capilla que se cree que podría ser precristiana.

Con expertos

Para desarrollar estos trabajos, la comunidad de montes de Baroña cuenta con la colaboración del arqueólogo Manuel Anxo López Felpeto, que ya se encargó del control de los trabajos realizados en la primera fase y hará lo propio durante las actuaciones que acaban de iniciarse. Según explicó el presidente de los comuneros, se harán unas catas para sondear si hay otros restos de interés ocultos en el entorno del templo de San Tomé y si existen elementos que puedan aportar nueva información sobre una capilla de la que apenas hay datos. Sí se sabe que es muy antigua, y la primera referencia escrita data de entre 1603 y 1614.

Para saber más será preciso limpiar la maleza que hay en la zona, y es en esas tareas que no precisan una mano de obra especializada en las que cualquier vecino puede colaborar. Para hacerlo, los interesados deben inscribirse en el teléfono 679 156 855.

Otro cantar son los trabajos de consolidación de los muros que han podido salvarse tras décadas de abandono. Se han conservado las piedras que delimitan la planta de la capilla, de apenas unos cinco por cinco metros de superficie, y parte del que fue el altar. La actuación para preservar esos restos recaerá en una experta en la materia, la restauradora Victoria Folgueira Fariña.

La razón de que la estructura esté tan mal conservada es que en su momento sufrió un colapso total, es decir, que se derrumbó, y mucho aprovecharon las piedras caídas para utilizarlas en otras construcciones.

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