Gustavo Carballo: Una historia detrás de las piedras

Destaca que la especial ubicación del asentamiento celta atrae a multitud de visitantes


ribeira / la voz

La relevancia del castro de Baroña está fuera de toda duda, puesto que se trata del asentamiento celta más importante y mejor conservado de Galicia, y por el que cada año pasan miles de personas. El Concello de Porto do Son quiso poner en valor esta pieza clave de su patrimonio y en el 2003 puso los cimientos de su centro de interpretación, que se ubicó en las dependencias de la antigua casa consistorial. «Ata ese momento non tiñamos un punto de referencia ao que o visitante puidera achegarse a recibir todo tipo de información sobre a historia e evolución do castro», justifica Gustavo Carballo, monitor cultural y responsable de esta entidad.

La gran variedad de turistas que cada año se acercan a este enclave sonense también fue otro de los motivos que impulsó la puesta en marcha de este pequeño museo, «porque veñen visitantes de todo o mundo, principalmente europeos, alemáns e franceses, e queren coñecer toda a historia do pobo que viviu en Baroña». Entre las primeras impresiones que suelen tener al visitar esta fortaleza celta está «a súa localización icónica. É bastante habitual que haxa castros marítimos, pero este é o único escavado na súa totalidade. Ademais, ten una beleza paisaxística impresionante, porque domina toda a entrada da ría, e en días despexados podes ver ata Fisterra», apunta Carballo, que puede considerarse una de las personas que más frecuenta el antiguo asentamiento celta.

De hecho, él es uno de los responsables de guiar las numerosas visitas organizadas que se llevan a cabo a lo largo del año. A partir de este mes se suele comenzar con las escolares, con grupos que vienen de toda la comunidad, pero también hay algunos que proceden de fuera. Los meses de verano llega la época más fuerte, porque durante julio y agosto se multiplican los grupos de turistas que quieren conocer este asentamiento de la Edad de Piedra.

Grupos por edades

«As visitas dependen moito da idade dos participantes, porque cos nenos acostuman ser máis rápidas, mentres que coas asociacións de xente maior son máis pausadas, sobre todo porque teñen máis dificultades para subir e baixar polas pedras», apunta el monitor cultural sonense. Destaca que otra de las cosas que más suele impresionar a las personas que se acercan al castro de Baroña es pensar en las condiciones de vida que tenían los habitantes de este poblado, «sobre todo cando vai mal tempo, con moita choiva e vento, non se explican como podían vivir aquí».

A la hora de contabilizar cuántos turistas pasan cada año por este antiguo poblado celta, Carballo dice que es una ecuación francamente difícil, puesto que a los usuarios que pasan por el Centro de Interpretación do Castro de Baroña hay que sumar los que acuden a la oficina de información turística que está en las proximidades del asentamiento, y todos aquellos que lo hacen por cuenta propia, y que suelen ser una gran mayoría.

De hecho, muchas de estas personas que acuden fuera de las visitas guiadas son las responsables de que cada año se repita la misma imagen de montones de piedras apiladas utilizando piezas del castro. «Está totalmente prohibido coller estas pedras, tanto no propio asentamento como no camiño, porque todo está na área de protección», afirma Carballo, que considera que mucha gente lo hace «por ignorancia. Pensan que están xogando con croios e son pedras de máis de 2.300 anos».

A punto de comenzar la época de más trabajo, Gustavo Carballo echa en falta que se ejecutara un antiguo proyecto para trasladar el Centro de Interpretación do Castro de Baroña a una zona más próxima al camino que lleva al yacimiento, puesto que en la actualidad está ubicado en el casco urbano sonense. «As negociacións quedaron estancadas porque é un proxecto complicado», dijo.

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