El sapo de espuelas, expulsado de los montes de Xuño

Una charca de Porto do Son en la que criaba una especie de anfibio protegida ha quedado enterrada


Ribeira / La Voz

Por si los incendios forestales fueran poca amenaza para la biodiversidad y para las especies más vulnerables, las actuaciones que se llevan a cabo en los montes para la lucha contra el fuego suponen con mucha frecuencia un peligro en sí mismas. Si no, que se lo pregunten al sapo de espuelas, un anfibio que figura en el catálogo de especies amenazadas y que ha visto como los trabajos para construir un punto de captación de agua se han llevado por delante una charca en Xuño en la que había establecido su hogar y de la que el anfibio se ha visto expulsado.

Carlos Boullón, integrante de la Sociedade Galega de Historia Natural, fue el que dio la voz de alarma. Asegura que la charca en la que se documentó la presencia de este tipo de sapo ha acabado enterrada con maquinaria pesada, pese a que el depósito construido para la lucha contra los incendios forestales se encuentra a bastantes metros de distancia, y miembros de la comunidad de montes de Xuño -propietaria de los terrenos- lo corroboran. «A poza desapareceu, tapárona e captaron a auga desde aí para canalizala ata o pozo que fixeron», apuntan los comuneros, que añaden que esa actuación conlleva otros inconvenientes: «A auga que antes se acumulaba na charca agora vai para o camiño».

Explican que la entidad se limitó a autorizar la construcción del depósito, «pero é unha obra da Administración e non fixemos unha supervisión dos traballos, non era cousa nosa».

Cada vez menor

La importancia de esta intervención radica en que la población de sapo de espuelas se reduce año tras año debido, precisamente, «á desaparición de numerosas pozas e lagoas ao longo da costa das Rías Baixas». El caso de Xuño se ha trasladado a la Sociedade Galega de Historia Natural, que está redactando una solicitud que enviará a la Xunta para que se recupere la charca.

Precisamente, fuentes de Medio Rural explicaron ayer que no hay constancia de denuncia alguna por este motivo. En cualquier caso, la Administración autonómica sostiene que la charca, con unas dimensiones de unos tres por tres metros, «segue alí, está situada preto dunha pista».

Añaden, además, que se trata de una balsa de agua temporal que en verano prácticamente desaparece y que «non se atopa dentro de ningún espazo natural protexido». Por último, desde Medio Rural señalaron que el agua que entra en el depósito que se acaba de construir vuelve luego al mismo cauce del que se capta «e só hai retención de auga no momento no que se baleira».

Moisés Asensi, vocal de la Sociedade Galega de Historia Natural, es tajante al hablar de la importancia de proteger las poblaciones de sapo de espuelas, que recibe este nombre porque en sus patas traseras tiene una especie de espuelas que utiliza para enterrarse rápidamente cuando percibe peligro: «É o anfibio máis ameazado que hai en Galicia, o máis escaso».

Asensi sabe de lo que habla porque es el coordinador del Atlas dos anfibios e réptiles de Galicia, y explica que hay cuatro núcleos de población de esta especie en el litoral atlántico, Ourense y Lugo: «Todas estas poboacións teñen unhas localizacións moi illadas e separadas entre si, polo que calquera destrución dunha delas supón unha máis que posible extinción da especie nesa localidade, case sen posibilidade de recolonización».

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