El uso del monte por diferentes colectivos es una fuente de conflictos

La convivencia de comuneros, motoristas, cazadores y senderistas es compleja


Noia / La Voz

«Se nos respectamos, cabemos todos». Esta afirmación la repiten, sin excepción, desde cualquiera de los colectivos que, de un modo u otro, hacen uso de los montes de la comarca. Sin embargo, parece que el entendimiento es más fácil sobre el papel que en la realidad porque la presencia y disfrute de ese espacio supone una constante fuente de conflictos que, aunque todo el mundo rechaza, son un hecho.

Los reproches parten prácticamente de todas las partes implicadas, aunque comuneros y ganaderos son los más críticos con las actitudes de algunos colectivos. Los pilotos de motos y quads son el principal foco de las quejas por los daños que, según denuncian desde las entidades de propietarios, causan en plantaciones y caminos. La última denuncia llegaba desde Goiáns, en Porto do Son, donde no es la primera vez que surgen conflictos por la aparición de profundas rodadas entre árboles recién plantados o huellas del paso de vehículos a motor campo a través.

En Posmarcos, la comunidad de montes apuntaba a otro colectivo como causante de problemas: el de los ciclistas. El presidente de la entidad, Alberto Pego, señalaba que ya han presentado varias denuncias por la aparición de cierres para el ganado rotos y alambradas cortadas y que se trata de una situación recurrente. De hecho, con el objetivo de evitar conflictos, solicitaron una reunión con distintos colectivos que disfrutan del monte: «Os cazadores foron os únicos que quixeron falar con nós». El dirigente hablaba también de la basura que aparece tirada y pedía, sobre todo, respeto: «A nosa idea é a dun monte aberto e sostible, cabemos todos, pero de maneira ordenada».

Precisamente, desde una de las asociaciones de cazadores de la zona, la de Castelo de Vitres-Folgoso, el presidente comentaba que lo que se pide a los comuneros es que hagan las entradas y salidas de los cierres «a unha determinada distancia para poder pasar todos, ás veces non teñen e non se pode andar por alí». Por lo demás, indicaba, no hay mayores problemas.

Cuestión de educación

En lo que respecta al colectivo de deportistas, reconocen que no todo el que acude al monte en bicicleta o en moto se comporta como debiera, pero lo mismo ocurre con otros colectivos.

En este sentido, Néstor Romero, que organiza y participa habitualmente en pruebas de trail y es un asiduo del monte, reconocía la existencia de conflictos y que hay actividades que pueden llegar a interferir con otras, al tiempo que señalaba la causa: «Hai un problema de educación e a nivel cultural. Se todo o mundo se comporta cun pouco de civismo no monte, todo é compatible». Sobre su propia experiencia, explica que se ha topado con cables en medio de senderos a modo de trampas, algo que le parece «gravísimo, podes quedar no sitio», pero añade que esas prácticas no son generalizadas: «A saber quen pon iso, o que non se pode é meter a todo o mundo no mesmo saco». Y lo mismo ocurre con otros colectivos como ciclistas y motoristas: «A xente normalmente respecta o monte, claro que hai quen vai por aí facendo o cafre, persoas así hainas en todas partes e, ao final, pagámolo todos».

Y todavía hay otra cuestión importante que genera no pocos quebraderos de cabeza: el patrimonio. Buena parte de la vasta riqueza arqueológica de la comarca está dentro de terrenos de comunidades de montes, y eso tiene consecuencias. Por un lado, se hace más complicado su control y conservación. Un arqueólogo conocedor del terreno indicaba que hay entidades que hacen un gran trabajo, pero otras «non tanto. Abren cortalumes onde non deben, fan plantacións en zonas protexidas...».

Además, la existencia de yacimientos obliga a los comuneros a enfrentarse a la burocracia para cualquier intervención y eso también complica su trabajo.

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