Fuego y maquinaria arrasan con el patrimonio arqueológico sonense

Las llamas calcinaron Caamaño sacando a la luz media docena de petroglifos destruidos


Noia / la voz

En las últimas semanas se ha hablado largo y tendido de los daños ocasionados, principalmente en Porto do Son, por los incendios forestales de este verano y las actuaciones programadas para paliarlos, pero entre las medidas que se adoptaron con urgencia no se han tenido en cuenta las importantes y cuantiosas estaciones de petroglifos diseminadas por todo el monte sonense, que han resultado, inevitablemente, afectadas, pero no solo por las llamas. De hecho, el fuego ha permitido «limpiar» la maleza que cubría algunas zonas para descubrir que al menos media docena de piedras que contenían grabados han desaparecido, pero no a consecuencia del incendio, sino del paso de maquinaria por la el lugar.

Las llamas son una enorme amenaza para los grabados, y de hecho, la virulencia y extensión del incendio registrado en Porto do Son el pasado agosto podría haber afectado, según las estimaciones de algunos expertos, a cerca de un centenar de dibujos rupestres. Sin embargo, el paso de maquinaria por áreas en las que se tiene constancia de la existencia de petroglifos es otra de las grandes amenazas y no faltan arqueólogos que teman que los trabajos para recuperar las infraestructuras dañadas por el fuego, como las canalizaciones de agua, y regenerar los montes quemados no se estén haciendo con el debido control.

Lo que sí es evidente es que en algún momento se ejecutaron actuaciones en zonas de Caamaño con maquinaria sin tener en cuenta la presencia de los restos arqueológicos y eso ha motivado que al menos siete petroglifos hayan desaparecido: «Aí agora non queda nada. Así como o lume lles afectou esta vez, tamén o fixo outras moitas e as pedras seguiron aí, agora desapareceron».

Los efectos

Los daños del incendio forestal en el patrimonio prehistórico de Porto do Son tardarán en evaluarse porque lo suyo sería recorrer el monte buscándolos uno por uno para comprobar su situación, pero los expertos consultados no son muy optimistas al respecto. Uno de ellos, el historiador Manuel Mariño, explicaba que el fuego de este verano «foi moi salvaxe» y que en zonas como Caamaño, donde estaban localizadas más de setenta estaciones rupestres «a maioría están afectadas en maior ou menor medida, seguro».

Sus palabras las refrenda Xoán Guitián, que trató de acercarse a algunos de los petroglifos y describe una panorama desolador del terreno quemado que lleva a concluir que un elevado porcentaje de las piedras grabadas han sufrido algún daño por las llamas.

En qué medida habrán resultado afectados los dibujos dependerá de distintas circunstancias, como la proximidad y la cantidad de maleza que los rodease, su situación o la virulencia del fuego. En este sentido, Mariño explica que sería necesario realizar un estudio pormenorizado de cada uno de los petroglifos para saber en qué estado se encuentra, entre otras razones, porque los efectos de los incendios no siempre son inmediatos.

El paso de los años

Explica que, con el calor, la piedra puede cuartearse y acabar rompiéndose en trozos más o menos grandes haciendo desaparecer cualquier grabado en su superficie. Esto es lo más peligroso y puede suceder en el propio incendio, pero también con el paso de los años: «O mal está aí».

Otra cuestión a la que aluden los expertos es al impacto que se produce en el entorno, que también tiene su influencia sobre los restos arqueológicos porque se modifica el paisaje, de modo que se pierden referencias y luego resulta mucho más complicado localizar los grabados.

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