El complejo turístico de Albeida en Outes, Premio de Arquitectura 2020

El galardón distingue la sostenibilidad de la intervención del estudio Salgado y Liñares

Los alojamientos se levantan sobre estructuras de madera para respetar las raíces de los árboles
Los alojamientos se levantan sobre estructuras de madera para respetar las raíces de los árboles

Redacción

El complejo turístico de Albeida, en Outes, ha ganado el Premio de Arquitectura 2020, que otorga el Consejo Superior de los Colegios de Arquitectos de España. El proyecto es obra de los gallegos Alfonso Salgado y Francisco Liñares, cuya propuesta se ha hecho acreedora del galardón por su capacidad para optimizar recursos de forma práctica y a la vez generar una arquitectura posible y sostenible. Una implantación mínima sobre el terreno para rehabilitar tres edificaciones tradicionales y construir nueve alojamientos ha sido culminada con «resultados óptimos de forma armonizada», según el fallo del jurado, que concedió el galardón en la modalidad de urbanismo a las directrices de ordenación territorial del País Vasco: ambos vencedores comparten objetivos de reequilibrar los hábitats urbano y natural.

Para Francisco Liñares, el premio supone un impulso al trabajo que el estudio que comparte con Salgado y con sede en Bertamiráns viene realizando en los últimos años. «Premiouse unha forma de traballar que non pon o acento na forma, que dialoga coas preexistencias, cunha vontade evidente de integración nun territorio moi complexo, profunda e sabiamente humanizado, e co feito construtivo como fío condutor de todo o proceso arquitectónico», explica Salgado. La decana del Colexio de Arquitectos de Galicia, Elena Ampudia, señaló también los materiales y soluciones constructivas del proyecto ganador: «É unha clara aposta pola sostibilidade e a integración no complexo territorio galego. Polo tanto, é un merecido recoñecemento ao traballo ben feito, e desde o Colexio de Arquitectos de Galicia facemos noso o sentir do xurado». 

Diálogo con la naturaleza

El trabajo de Salgado y Liñares se orientó en torno a cuatro líneas fundamentales de actuación. Cada edificación debía contar con intimidad sin renunciar a las vistas de un entorno presidido por la desembocadura del río Tambre, se trató de unir la forma de las edificaciones con la evolución de la vegetación, diálogo entre lo construido y lo natural que también se llevó a cabo elevando los alojamientos sobre ligeras estructuras de madera para respetar las raíces de los árboles y, por último, una concatenación de celosías de madera confiere una unidad visual a las construcciones.

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