Un orfebre de la historia y la creación artística

La personalidad que imprime a cada una de la piezas que realiza ha sido reconocida con varios premios


ribeira / la voz

La pasión que transmite Fernando Gallego (Pontevedra, 1973) al hablar con él tiene su fiel reflejo en las joyas únicas y exclusivas que salen de su taller para viajar hasta Nueva Zelanda o captar la atención de famosos tan dispares como Espido Freire, Eva González, Cristina Castaño o Pedro Sandoval. Y es que este artesano que descubrió el oficio mientras jugaba en el taller de su padre no se conforma con elaborar bonitos anillos, pendientes o colgantes, Fernando Gallego transforma la historia en joya y llena sus creaciones con la esencia de cuantas manifestaciones artísticas existen.

Al hablar de sus fuentes de inspiración, Gallego reconoce: «A mi me gustan muchas cosas. La pintura, la música, la literatura. Aporto lo que he ido aprendiendo a lo largo de la vida al diseño de piezas originales». Un ejemplo de ello es que aunque heredó la pasión por la joyería de su padre, ha explorado otros mundos: «Estudié Química en Santiago, dibujo, diseño y empecé Historia». Precisamente, esta última es, junto con la arqueología, una de sus debilidades que, con maestría, ha sabido llevar a su oficio para crear una colección, Antiques, que le valió el pasado año la obtención del premio Madrid Joya Designers.

Las antigüedades

Su predilección por las antigüedades tiene un fiel reflejo en su tienda de Outes, que al aliciente de ver sus joyas añade la existencia de una pequeña exposición en la que pueden contemplarse figuritas de la dinastía Ming o lámparas de terracota.

Ese gusto por el pasado da a su colección un carácter diferenciador que le ha valido el reconocimiento: «La colección Antiques lleva sobre siete años en el mercado y está integrada por unas 40 piezas. En el mercado de las antigüedades puedes encontrar piezas muy interesantes a precios asumibles. Monedas romanas de la época de Constantino o elementos egipcios».

Explica que inicialmente adquirió esos objetos para él, pero luego decidió darles una nueva vida. De esta forma, una moneda romana, una punta de flecha persa, un trozo de hebilla griega o un sello del imperio Sansánida acabaron convirtiéndose en piezas de colección a un precio alcanzable.

Fernando Gallego comenta que cuando trabaja estas piezas procura respetar su esencia: «Con mucho respeto por la historia. Busco una montura que la embellezca, un elemento que permita adornarla y lucirla sin quitarle el protagonismo».

Desde su establecimiento en Outes, el joyero llega a todos los rincones del mundo: «Cuando estás en el mercado de Internet compites contra gigantes, por eso mi alternativa es realizar algo diferente». Sin embargo, reconoce: «Nunca pensé que llegaría a tener este éxito ni que podía conseguir los premios que he tenido».

Y su fama no deja de expandirse. Recientemente le compraron una flecha antigua montada como colgante para una serie de la televisión inglesa BBC. Todas sus joyas realizadas con antigüedades están certificadas y supervisadas por el Ministerio de Cultura: «Cuando se vende una para el extranjero, hay que solicitar un permiso, cuya aprobación depende de una comisión de expertos», señala.

Lo más rompedor

Y frente a este respeto por la historia están las creaciones más rompedoras de Fernando Gallego, en las que la inspiración llega del trabajo de arquitectos como Norman Foster, películas como Tiburón o 2001, una odisea del espacio o de pintores como Kandinski. Unas joyas distintas plasmadas con métodos tradicionales de orfebrería.

Cuatro creaciones de esta imaginativa colección pueden verse en el Museo Nacional de Artes Decorativas y otras cinco se exhiben en el Museo de San Isidro, ambos en Madrid.

Actualmente, el confinamiento impuesto por el coronavirus no permite a Fernando Gallego tener la tienda abierta: «Aunque estamos recibiendo encargos por Internet, algunos para el día de la madre». También ve limitada su capacidad de trabajo: «Algunos proveedores de piedras preciosas de Madrid no pueden traerme los pedidos». Sin embargo, su cabeza no descansa.

Asegura que aprovecha el confinamiento para diseñar: «Van a salir cosas. Vamos a tener un parón y hay que trabajar duro».

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