Unos quitamiedos que dan mucho miedo

El mal estado de las barreras de protección las convierte en un elemento peligroso en caso de accidente


ribeira / la voz

Apenas una docena de kilómetros separan el ayuntamiento de Mazaricos del de Outes. Una distancia que, en circunstancias normales, no llevaría más de diez minutos completar pero que, por la actual carretera -la provincial DP-4502- puede llegar a triplicarse. Principalmente si el recorrido se realiza en días de mal tiempo, de circulación de vehículos pesados o, sobre todo, si no se conoce de antemano una calzada que, en muchos puntos, puede llegar a ser peligrosa.

Porque además de sus 37 curvas, algunas en pendiente y de casi 180 grados, también hay varios puentes excesivamente estrechos -el que cruza el Rego da Cova se atraviesa en pleno giro- y zonas sombrías o con abundante cantidad de hojas, que suelen ser muy resbaladizas en días de lluvia. Y luego están los guardarraíles, elementos de seguridad pasiva que más que tranquilidad, lo que dan es bastante miedo.

A poco que se fije uno, puede comprobar cómo decenas de metros de barreras repartidos por todo el trazado presentan importantes abollones en su estructura o, directamente, están desenganchados de sus soportes verticales. En otras zonas, a la altura del núcleo de Vilariño de Chacín es solo un ejemplo, los quitamiedos ni siquiera se encuentran en su posición normal sino que están tumbados sobre las cunetas a más dos metros del firme, probablemente debido a un corrimiento del terreno que arrastró también las sujeciones.

Sucesión de terraplenes

Circunstancias estas que les impiden cumplir con la función de protección de los vehículos para la que fueron colocados y que, en esta carretera, resulta especialmente necesaria debido a la sucesión de terraplenes en el margen izquierdo de la calzada. De hecho, por razones que se desconocen hay colocados quitamiedos en algunos tramos en los que la pendiente es reducida y, sin embargo, carecen de ellos otros lugares en los que los barrancos son sensiblemente mayores.

Incluso en algunos puntos, los postes que sostienen las barras de metal se han ido incrustado en el terreno, por lo que la barra protectora se reduce a un simple amasijo de metal apoyado sobre el terreno. Evidentemente, su efectividad en caso de accidente no solo es nula, sino que incluso puede agravar una hipotética salida de vía, sobre todo si se trata de ciclistas o motoristas.

Sobra decir que ni un solo metro de quitamiedos dispone de medidas de protección para quienes se desplacen sobre dos ruedas. Paradójicamente, sí se han colocado recientemente señales de precaución advirtiendo de que los automovilistas deben guardar una distancia mínima de separación lateral de metro y medio con los ciclistas. Extremo este que obligará a los conductores a invadir totalmente el carril izquierdo dada la estrechez de la carretera.

La Deputación, titular de la vía, reconoce que la DP-4502 «cuenta actualmente con una plataforma estrecha y curvas muy pronunciadas en algunos tramos», por lo que invertirá una importante cantidad de dinero durante el presente año para llevar a cabo su ampliación y la mejora integral del trazado. Trabajos que, a buen seguro, incluirán la colocación adecuada de unos quitamiedos que, a día de hoy, provocan justamente el efecto contrario.

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