La educación pública perdió una treintena de unidades en cinco años

El número de aulas concertadas solo descendió en una durante el mismo período


RIBEIRA / la voz

El año 2013, en el momento álgido de la crisis económica, simbolizó un punto de inflexión para la gestión de los recursos de la Administración, pero también coincidió con una tendencia que se venía gestando desde hacía más tiempo, la caída de los índices de natalidad. Este cóctel de factores es al que acostumbran a referirse los directores de una educación pública que en el último lustro ha perdido 33 unidades, hasta situarse en las 714. En la otra cara de la moneda y en este mismo período, el número de aulas que cuentan con concierto económico se redujo en una.

Actualmente, en la comarca hay un total de 245 unidades de educación concertada, -solo 21 menos que en el área compostelana- lo que supone el 34 % de las aulas disponibles de la comarca. Se trata de los últimos datos facilitados por la Consellería de Educación, cruzados con los del Instituto Galego de Estatística (IGE). No obstante, la dinámica de esta reducción en la educación pública no responde a una lucha entre esta y la privada, sino a la antes mencionada caída de la natalidad y a las propias características de los centros; cuestiones que también han hecho mella en recintos concertados.

«Son director dun colexio que nestes últimos cinco anos puido desdobrar dous grupos en primaria», con estas palabras, el responsable de la escuela ribeirense de Frións, Luís Teira, explicó que no todos las instalaciones públicas han padecido la sangría demográfica que, solo en primaria, hizo pasar de 8.901 alumnos en el 2013, a los cerca de 7.000 del pasado curso. Teira atribuye el crecimiento de Frións a la apuesta por reforzar el comedor, realizar proyectos educativos propios u actividades extraescolares.

Una pérdida desigual

Si se analizan las supresiones de unidades y cierres de centros educativos que se han producido en Barbanza en este lustro, la mayoría concuerdan con esta serie de características. Se trata de escuelas localizadas en parroquias o núcleos de carácter rural y, evidentemente, de menores dimensiones que las instaladas en los cascos urbanos. En esta lista se hallan casos como la desaparición de la escuela infantil boirense de O Saltiño -tras un año sin alumnos matriculados- o la fusión del alumnado y de parte del profesorado del antiguo colegio de Cruceiro de Roo -Emilio de Navasqüés- con el de Outes. Mas también hay excepciones, como la pérdida de una unidad en el céntrico Galaxia.

Sin embargo, en esta materia también entran en juego variables como el nivel de fijación de la población adscrita a un determinado colegio. Por ejemplo, el Sagrado Corazón de Jesús tiene capacidad para acoger al 100 % del alumnado y del estudiantado de la parroquia ribeirense de Castiñeiras. Por otra parte, en sus instalaciones también han visto y registrado un descenso de alumnos que no llegó a ser tan grave como para hacerles perder alguna unidad y del que su director, Juan José Fernández, se muestra optimista: «Hai un par de cursos notamos a brecha en cuarto ano de infantil e no 2017 ningún centro chegou a baremar -hacer una criba ante una sobre demanda de plazas-. Pero xa estamos notando unha alza de matrículas nos primeiros niveis que, ao estar repartida entre moitos colexios, de momento non é suficiente para ver creacións de unidades que, creo, chegarán no futuro».

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