El Homenaje a la Vejez del Marino que llenó Noia en 1929

Daniel Bravo Cores

NOIA

Los homenajeados en la celebración posan rodeados de familiares y vecinos
Los homenajeados en la celebración posan rodeados de familiares y vecinos B.N.

Lo recaudado permitió agasajar a cuatro ancianos con una pensión vitalicia

18 abr 2026 . Actualizado a las 17:04 h.

Iniciados en San Sadurní de Noya en 1915 a impulsos de la Caja Catalana de Pensiones y Ahorros, en la segunda década del siglo XX el marino ferrolano Alfredo Saralegui llevó la idea al mundo del mar, saliendo a la luz los Homenajes a la Vejez del Marino que pronto se extendieron por todo el litoral español promovidos por la Caja Central de Crédito Marítimo (CCCM), predecesora del Instituto Social de la Marina (ISM), y vinculados a los pósitos de pescadores de los que había sido promotor el propio Saralegui.

El «laudable proyecto» de Alfredo Saralegui, como lo denominó en su día Inocencio Jiménez, tuvo su arranque oficial en la RO del Ministerio de Marina de 9/07/1926 que creaba la «Obra de los Homenajes a la Vejez de los Marinos» con la finalidad de «asegurar el sustento a los viejos marinos, que ahora yacen abandonados en las playas y puertos españoles».

 Los patronatos

En todos los puertos. La Caja Central de Crédito Marítimo establecía la creación de patronatos locales «en todos los puertos de nuestro litoral en que existan Autoridades de Marina…», que los presidirían e invitarían a incorporarse a «autoridades, personas significadas y representantes de Asociaciones marítimas de la localidad…». Los patronatos financiaban los homenajes mediante «suscripciones» de particulares, empresas, pósitos, ayuntamientos, diputaciones provinciales, cajas de ahorros —Caja Regional Gallega, en nuestro caso— y la propia CCCM.

 La organización de los homenajes por los patronatos comenzaba el 16 de julio, día de la Virgen del Carmen, con diversas actividades para recaudar fondos, y los actos se celebraban con toda solemnidad en torno al 10 de octubre, data del aniversario de la creación de la Caja Central. El éxito fue tal que el número de homenajes pasó de una sola celebración en 1926 a 59 tres años después. Presididos por ayudantes o comandantes de marina, junto a alcaldes, jueces municipales, maestros, médicos, industriales, etcétera, los patronatos oficiaban las ceremonias con toda solemnidad: solían comenzar con salvas, desfile de niños de los Pósitos Infantiles, gaitas del país, misa y presencia de algún representante de la CCCM, y duraban todo el día con gran asistencia de público. Los actos finalizaban con la entrega a tres o cuatro ancianos previamente seleccionados entre los marineros pobres más veteranos de una cartilla de pensión vitalicia de una peseta diaria de por vida. Para financiar cada una de estas cartillas, era necesario recaudar un mínimo de mil pesetas por el patronato.

 

Autoridades locales durante la celebración
Autoridades locales durante la celebración B.N.

Celebración en Noia

Las más importantes. Las celebraciones de 1929 fueron especialmente fastuosas en todo el país, ya que se conmemoraba el aniversario de la creación de la Caja Central de Crédito Marítimo, alma máter de los pósitos. Los homenajes se sucedieron en buena parte de puertos españoles y gallegos, y entre estos cabe destacar los de Ribadeo, Viveiro, Ortigueira, Ferrol, Sada, A Coruña, Noia, Vilagarcía, Sanxenxo, Pontevedra, Marín y Cangas.

La entidad de estas efemérides era proporcional a la importancia de cada una de las villas: a mayor capacidad económica, más posibilidades de financiar mayor número de cartillas de pensión. Por esa razón, las localidades donde los Homenajes a la Vejez fueron más ostentosos fueron Vilagarcía y Noia, donde se entregaron seis y cuatro cartillas de pensión, respectivamente, a marinos mayores de 70 años, en tanto que las de Ribeira y A Pobra do Caramiñal tuvieron una significación mucho menor: la escasa recaudación no permitió financiar cartilla alguna y se limitaron a repartir lo colectado entre varios marineros pobres.

Centraremos nuestra atención en la villa de Noia, importante polo económico en aquel entonces: factorías salazoneras, conserveras, tenerías o fábricas de curtidos y un importantísimo flujo comercial, tanto marítimo a larga distancia, como intracomarcal a través de una tupida red de ferias (primeros y terceros domingos) y mercados (martes, jueves y domingos). A esto habría que añadir una importante actividad pesquera de la que eran fiel reflejo los entonces recién creados Pósitos de Marineros —incluidos de altura y transporte— y de Pescadores en 1923 y 1924, respectivamente.

No es de extrañar por ello que uno de los homenajes más sobresalientes tuviese lugar ese año en «la culta y progresiva villa de Noya», donde se celebró por todo lo alto. La ceremonia principal de la entrega de premios se ofició en la plaza de toros, completamente atestada de público, y sería amenizada por la banda de música de Bealo. Presidió los festejos el alcalde accidental de Noia D. Manuel Liñares y asistieron, entre otras autoridades, el «ayudante de Marina, Alférez de Navío D. Joaquín Seijo», presidente del patronato de la villa del Tambre, D. Augusto Bacariza presidente de la Caja Regional Gallega de Previsión, los presidentes de los dos pósitos noieses citados, el alcalde de Lousame José Filgueira, los principales patricios locales mecenas del evento, etc. Excusaron su presencia, pero enviaron «adhesiones muy entusiastas» los alcaldes de Outes y O Porto do Son.

Después de los discursos de rigor pronunciados por el ayudante de Marina, el señor Seijo, «sobre la arriesgada profesión de marino en esta costa» y ensalzar al pueblo de Noia «por la cultura que demuestra al proteger a los viejos y evitarles la miseria en el ocaso de sus vidas», y el del señor Bacariza sobre el papel de la Caja Regional en los Homenajes a la Vejez, cerró los discursos el mandatario noiés haciendo votos «porque en pocos años no quede un viejecito desvalido que no disfrute pensión».

 Los agasajados

Recaudación. El Homenaje a la Vejez en Noia de 1929 fue posible porque el activo patronato había conseguido recaudar la cantidad de 8.000 pesetas aportadas por la Diputación, la Caja Regional Gallega y el propio patronato local, que con actividades diversas había recolectado la nada despreciable cantidad de 2.340 pesetas, cantidades que permitieron financiar cuatro cartillas de pensión vitalicia para la localidad.

 Tras los discursos de rigor, se cumplimentó a los representantes de la ancianidad noiesa, con la particularidad de que uno de ellos era la viuda de un marinero. Entre los cuatro ancianos agasajados en Noia estaba Roque Castelo Mariño, dedicado más de 60 años a la pesca, superviviente de un naufragio, condecorado con la Cruz del Mérito Naval por haber salvado en el mismo a dos compañeros, y que vivía de la caridad pública.También fue homenajeado Francisco Lojo Sampedro, pescador durante cincuenta años, paralítico, que «cuando le faltaron sus fuerzas vivió de la caridad pública y hoy ni eso puede hacer», por lo que mendigaba limosna por medio de su hija.

José Romero, que dedicó su vida a la pesca y la navegación, padre de 22 hijos, y el único con una relativa situación desahogada; y Carmen Calo, viuda de pescador, que tras «una vida de honrado trabajo y muertos todos los suyos vive de la caridad pública», completaron la lista.

La ceremonia finalizó entre los acordes «de un precioso himno a la vejez del pescador» entonado por los niños del catecismo de los padres franciscanos, entregando a cada uno un «vistoso ramo de flores», un traje, y el importe de la primera renta mensual de la libreta.