La pareja de sanitarios de Barbanza que antepuso su amor a las trabas que sembró en su camino el covid

m. x. blanco RIBEIRA / LA VOZ

NOIA

marcos creo

Tras superar múltiples imprevistos y tele-organizar su boda, Beatriz Suárez y Andrés Tubío se casarán mañana

30 abr 2021 . Actualizado a las 12:45 h.

Si no surgen contratiempos de última hora, Beatriz Suárez y Andrés Tubío se darán mañana el sí, quiero. El camino que recorrieron para poner el broche a su historia de amor no ha sido fácil. Ambos son sanitarios, por lo que vivieron desde la primera línea la batalla contra el covid. Eso no impidió que el 30 de septiembre, cuando parecía que la nueva normalidad se imponía y tras la consabida petición por parte de él, decidieran ponerle fecha a su boda. Desde entonces hasta ahora, no han dejado de sortear obstáculos.

Aunque ya vivían juntos en un piso de Noia, Beatriz y Andrés empezaron a escribir un nuevo capítulo en su historia de amor coincidiendo con el cumpleaños de ella, ansiosos por iluminar una etapa demasiado gris. Enfermeros en el Hospital Comarcal da Barbanza, ambos lograron sortear el covid, pero presenciaron sus efectos tanto en pacientes como en compañeros de la plantilla sanitaria. «Houbo xornadas nas que acabamos chorando na casa, porque só falabamos do que ocorría no hospital. Incluso chegamos a estar separados no piso e a ir traballar en quendas diferentes para evitar caer os dous, xa que houbo momentos de serios problemas de persoal», explica la lousamiana.

Aún así, quisieron hacerle frente a la pandemia fijando el 1 de mayo como fecha para su gran día. En octubre se pusieron manos a la obra con los preparativos y, con el propósito de hacer acopio de ideas, acudieron a una feria de bodas en A Coruña: «Cando viñamos de volta escoitamos na radio que se decretaba o estado de alarma ata o 9 de maio, xunto o fin de semana despois da data que elixiramos. A partir de aí empezou a nosa mala sorte».

Eran conscientes de las posibles restricciones, pero siguieron adelante con sus planes: «Decidimos casar o 1 de maio do 2021 a non ser que nolo prohibiran», apunta Beatriz. Pero puede decirse que la fecha fue lo único que lograron mantener. El resto de los datos que figuraban en las invitaciones que la pareja repartió tras meses de preparativos, la mayor parte de ellos a través del teléfono, fueron cambiando a medida que se acercaba el gran día. 

Lluvia de imprevistos

Primero adelantaron la hora de la ceremonia religiosa en Lousame para ganarle tiempo al toque de queda y hace solo unos días sustituyeron el pazo Torre de Xunqueiras de A Pobra, municipio que hasta ayer estaba en nivel de riesgo alto y con cierre perimetral, por el restaurante Chicolino de Boiro. Y mientras, vieron como la lista de invitados se desinflaba: «Tivemos que escoitar de todo, desde xente que nos dicía que estabamos tolos ata algúns que se escusaban porque teñen medo ao contaxio».

Hasta sucesos ajenos al covid complicaron el camino hacia el altar de estos barbanzanos. Primero fue el fallecimiento, tras una caída fatal a orillas del Tambre, de la madre de un gran amigo del novio: «Iso fíxonos ver que nos tiñamos que casar si ou si, porque agora estamos todos, pero o mes que vén non se sabe», comenta Beatriz. Y luego fue la madre de la novia la que acabó en el hospital por un problema de salud. De hecho, ayer permanecía ingresada: «Confiamos en que poida asistir».

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Sumergidos en un vaivén de emociones, Beatriz y Andrés decidieron aferrarse a su amor para cumplir su objetivo. Con el fin de darles un último empujón, una docena de primos de la novia, armados con champán y confeti, se concentraron la noche del miércoles a las puertas del edificio de la villa noiesa en el que residen. Diego Torón tuvo la feliz idea: «O que queriamos era darlles ánimos, xa que durante estes últimos meses estiveron moi angustiados e tamén agradecerlles o seu traballo como sanitarios nesta pandemia».

Ahora solo falta desear que su suerte cambie y mañana empiece para ellos una nueva vida.