Andrés Villar: El noiés que toca las nubes con los dedos

Este deportista tiene el récord de la apertura de rutas al Naranco de Bulnes, con veinte nuevos caminos


ribeira / la voz

Llegó a las cumbres de casualidad. Lo hizo por mejorar profesionalmente hace unos 40 años. Pero desde que alcanzó la cima, ya no pudo bajarse. Quedó atrapado. Es el caso de Andrés Villar Murillo (Noia, 1957), un alpinista que no necesita una excusa para echarse a la montaña o subirse a cualquier piedra que tenga alguna dificultad. No puede pasar sin su dosis de escalada. Incluso se atrevió a ver la vida desde lo alto de un eucalipto de unos veinte metros. Nada se le resiste. Reconoce que escalar representa una forma de entender la vida, pero también es un apasionado de deportes de riesgo como el parapente o el barranquismo.

Llegó a esta actividad de rebote. Por su trabajo aterrizó en Baqueira Beret y allí le entró el gusanillo. Era la primera vez que veía la nieve. Quedó prendado. A partir de ahí todo fue sobre ruedas y sobre esquís y cuerdas. Hizo cursos y al finalizar fue destinado a Asturias para quedar integrado en un equipo de rescate de alta montaña. Llegó a ser profesor en diferentes disciplinas durante 11 años en Candanchú.

Los Picos de Europa fueron, y son, su debilidad. Pero el Naranco de Bulnes es «como a miña casa». Lo conoce perfectamente. Por algo es el deportista que más rutas abrió en esta mole granítica: «Fixen vinte aperturas novas nesta montaña e máis de 400 escaladas. Para min é moi importante na miña vida». Es el montañero que tiene en su haber más caminos hacia la cima en este pico. Todo un récord.

Pero el riesgo también tiene sus inconvenientes. Estar en un grupo de rescate no es fácil, pues hay que enfrentarse a todo tipo de accidentes y dificultades. Recuerda alguna que otra avalancha, pero hubo sucesos que le dejaron huella: «Despois de catro días de duro traballo nos Picos de Europa para rescatar a unha muller dunha cova, trasladouse en helicóptero, pero tivo un accidente e morreron os catro que ían no aparato. Xunto a ela, os dous tripulantes e un compañeiro que nunca fóra en helicóptero e facíalle ilusión. O resto da expedición baixamos a pé e soubemos do sinistro cando chegamos á base».

Los malos momentos se agolpan en su memoria, por la que pasan diversos accidentes y rescates pero «era o noso traballo. Iso si, cando consegues axudar a alguén, sentes unha gran satisfacción. Ás veces é duro, pero é para salvar vidas e axudar ás persoas en apuros». A pesar de las numerosas intervenciones y dificultades, nunca tuvo un accidente de gravedad, excepto «un par de xeonllos rotos».

Aunque en la actualidad su trabajo es mucho más tranquilo y relajado, la montaña sigue rondando por su cabeza. Siempre que puede, coge su equipo y vuelve a acariciar las rocas. En la comarca, uno de sus lugares favoritos es el Olimpo Celta: «O monte Pindo é impresionante. Hai rutas de montaña e escaladas de 200 metros». Los acantilados también son su debilidad y los del castro de Baroña, «moi interesantes».

Uno de sus proyectos para este año era una expedición a Ecuador que denominaba Portus Apostoli: «Xa tiña que estar agora alá, pero a pandemia non o permite. Intentarei facelo para o próximo ano». La aventura es subir a diez volcanes de más de 6.000 metros en un mes.

Alaska o Perú, a donde acudió con la intención de buscar restos incas, fueron algunas zonas donde tocó techo este noiés, incluido también el Aconcagua.

 Rocódromo

Andrés Villar pertenece al club de montaña Abracadabra y a la asociación Senda XXI de Noia, con los que hace numerosas salidas. Además, fue uno de los artífices de poner en marcha el rocódromo de la localidad noiesa: «Foi un dos máis importantes de Galicia e do que saíron moitos amantes deste deporte».

Villar Murillo es un alpinista al que le encantan las aventuras. Hace más de diez años se subió al Aconcagua para plantar en la cumbre la bandera del Concello de Ribeira, a casi siete mil metros de altura. Otro reto que cerró con éxito consistió en cubrir el trayecto del Camino de Santiago entre O Cebreiro y la capital gallega en patines, unos 180 kilómetros. Lo hizo en ocho horas y en varias ocasiones.

La montaña y los retos difíciles siguen pululando en su cabeza, pero la pandemia ha frenado parte de sus ilusiones, que mitiga disfrutando de su nieta.

Montaña favorita. El Naranco de Bulnes. Una elevación de 2.519 metros y una pared vertical de 600 metros.

Programa de televisión. Colaboró en la grabación de «Al filo de lo imposible».

Una ilusión. Poder subir algún día al Everest, aunque reconoce que es una ruta comercial.

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