Hemeroteca: Una revuelta en Noia contra el odiado impuesto de consumos dejaba dos muertos

La Guardia Civil disparó para disolver una revuelta de unas tres mil personas


Fueron varios los alzamientos que, entre los siglos XIX y XX, se produjeron contra el impuesto de consumos, que gravaba bienes de primera necesidad. A estas alturas de 1910 tenía lugar una importante revuelta en la villa de Noia, donde se habían concentrados unas tres mil personas procedentes de todas las aldeas del municipio y su entorno. Querían evitar que se llevara a cabo el tradicional mercado de los jueves.

Los manifestantes se hicieron fuertes en el centro de la localidad y apedrearon la vivienda del encargado de cobrar el odiado impuesto de consumos. Para tratar de contrarrestar la actitud agresiva de los vecinos, por las calles se distribuyeron agentes de la Guardia Civil, pero en un momento dado, según relataba La Voz de Galicia de la época, también estos acabaron atrapados en una lluvia de piedras.

Dado que el motín se prolongó durante varios días en Noia, el gobernador ordenó que se desplazaran hasta la villa los guardias civiles de Santiago, Padrón y Ribeira con el fin de «restablecer la normalidad con la mayor prudencia, calmando la excitación de ánimos y sin perjuicio de proceder con la energía precisa».

Una de las jornadas fue especialmente sangrienta. Varios miembros de las fuerzas del orden fueron heridos por pedradas y sufrieron contusiones, pero los civiles se llevaron la peor parte. En vista de que la situación no mejoraba, en un momento dado la Guardia Civil optó por disparar, lo que provocó que varias personas resultaran heridas de bala.

Posteriormente se confirmó la muerte de una mujer y un joven, ambos dedicados a las labores agrícolas.

En las informaciones relacionadas con este motín se ponía de manifiesto que el alcalde había «escurrido el bulto» en todo momento. Al parecer, el entonces regidor noiés, Severo González, le comunicó al gobernador civil que se encontraba enfermo nada más enterarse de los primeros disturbios. Lo mismo hicieron el primer teniente de alcalde y el segundo, por lo que tuvo que ser el tercero el que se hiciera cargo de la situación.

La revuelta cesó a los pocos días, después de surtir efecto, pues el Ayuntamiento acordó rebajar las tarifas de consumos en lo relativo a la carne de cerdo.

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