Javier Rey: «Mucha gente pensará que soy enigmático pero solo soy gallego»

El rey de Noia, que soñó con ser Batman, vuelve a la acción con una de superhéroes, unos cuantos estrenos bajo el brazo y mucha morriña: «Yo llego allí y nadie me trata como actor, ¿sabes?»


Lo primero que hizo Javier Rey (Noia, 1980) en cuanto acabó el estado de alarma fue ir a su tierra «y comer las albóndigas de mi madre, evidentemente». Aunque soñaba con ser Batman, triunfa en Netflix como policía en una de superhéroes, Orígenes secretos. Mientras, espera a que se estrenen todas las películas que han quedado en el tintero a causa del covid, del que destaca a todos esos héroes anónimos que se han partido la cara con el virus.

Embajador de excepción de estos lares y hermético como pocos, no se cansa de lanzar un canto a Galicia en cuanto tiene ocasión: «Yo ahí tengo unos amigos muy cojonudos, y para ellos soy el hermano de Ramón, el hijo de Divina y de Javier».

-¿Por qué este era el personaje de tus sueños?

-Yo siempre había querido participar en algo relacionado con los superhéroes. Mi gran sueño era ser Batman, Ironman… Bueno, ese era uno de mis grandes sueños. Pero sí que quería participar en una peli de superhéroes, porque tengo un lado lector de cómics un poco friki y me gustaba eso. Por eso digo que David me hizo un superregalo con este personaje.

-Tu poli de «Orígenes secretos» es serio y disciplinado, pero también impulsivo.

-Es un tipo que está absolutamente condicionado por su pasado. Ni quiere hablar ni cree que tenga necesidad. Es un tipo solitario, y al final vemos el recorrido de una persona donde, como siempre pasa en la vida, el grupo es más importante que el individuo. Y se deja hacer y aconsejar por gente que a priori no interesa.

-Y se cuela por la inspectora... ¿Nos atrae lo diferente o no estás de acuerdo con lo de los polos opuestos?

-Bueno, en lo de los polos opuestos no tengo ni idea en general, pero en la peli sí, claro. Lo que pasa es que entramos en un spoiler bastante importante, ¡ja, ja!

-Pues cambiemos de tercio. El coronavirus nos ha paralizado a todos, pero tú no dejas de estrenar y de trabajar. ¿Te ha afectado?

-Lo he notado muchísimo, como todo el mundo. Piensa que al final lo que se estrena este año se ha rodado el año pasado, el año que viene tendré una película que se llama La casa del caracol, que es la única que he rodado este año, porque se ha paralizado el país entero. Yo no he trabajado hasta este momento. Pero el tema de estrenos, tal y como están las cosas, da la sensación de que uno hace la peli cuando se estrena, pero realmente se hace año y medio antes. Imagino que no solo a mí, sino que también para el resto de los compañeros el año que viene va a ser un poco extraño.

—¿Con qué superhéroe te quedarías tú?

—Bueno, en general me quedo siempre con los superhéroes que no tienen poderes fantásticos. Me gustan esos superhéroes que podrían ser cualquiera de nosotros si tuviéramos las mismas herramientas. Esos son los que más me han gustado de siempre. Porque claro, la fantasía al final si mezclas, que me gusta verlo, pero si mezclas el flash de una cámara de fotos, y una araña y una combinación... Me gusta más pensar que yo podría ser ese tipo si entreno muchísimo o tengo ese tipo de artilugios que usa el superhéroe para hacer el bien.

—¿Y en la vida real quién es?

—Yo creo que con la que está cayendo, todos tenemos que destacar a la peña que se lo ha currado. Muchos de nosotros como ciudadanos hemos sido espectadores de lo que ocurrió, y ha habido gente que han sido protagonistas y que creo que no deberíamos olvidar en ningún momento. La gente que se ha partido la cara en los hospitales, la gente que ha repartido comida, la que ha hecho el bien común sin que a muchos de ellos se lo hayan pedido. Esos son nuestros superhéroes no solo en España, sino que ha ocurrido en todos los países del mundo y son un rayo de esperanza para la humanidad.

—Y tú como «casi enfermero» los tienes muy presentes...

—No, casi enfermero no, eso es casi anecdótico ya en mi vida... He tenido un pequeño impulso, pero he vivido esto en fases con miedo, en fases con esperanza, y al final te acaban contando historias que han pasado en los hospitales y dices: «Guau, esto no se puede olvidar».

—¿Has podido venir a Galicia desde marzo, a tu «spa» de Noia?

—Pues volví pero muy poquito, un viaje relámpago después del estado de alarma y a sabiendas de que era seguro para mi familia el hecho de que yo viajase sin problema hasta allí.

—¿Y qué fue lo primero que hiciste?

— Comer las albóndigas de mi madre, evidentemente, ¡ja, ja!

— Tú eres deportivista, ¿verdad?

— Sí, sí…. Y voy a llorar ahora mismo por lo que vas a decir, ja, ja.

—¿No tendrán que llamar a los de Boer para que arregléis esta? [Así le llamaban a él y a sus hermanos en el campo de fútbol]

—No, no… No hay nivel, ¡vamos! Si yo pudiese hacer algo, ¡vamos que si lo haría!… No, qué va. Esto es un desastre, un desastre… Un desastre. Pero bueno, ya está, ha pasado y volveremos a ascender. Si al final es esto, es deporte, y hay que verlo como tal. A veces hemos estado en semifinales de Champions y ahora estamos en Segunda B. Pues es nuestra épica, así somos. Y por eso somos deportivistas. Si no seríamos de un equipo grande, si quisiésemos ganar siempre. Nos define eso y yo creo que vamos a salir súper fuertes de esto que ha pasado.

—Tienes varias pelis pendientes aún, ¿verdad?

—Sí, está esta de Orígenes secretos en Netflix, que es la que he estrenado, y después El verano que vivimos el 6 de noviembre y creo que Mentiras en Antena 3 a lo largo del año. Supongo que ya para el año que viene, La casa del caracol. Y hay cosas preciosas y maravillosas que se están hablando, pero quiero ser cauteloso porque todo está sujeto a lo que está ocurriendo. Todo el mundo tiene ganas de rodar, pero tenemos que ser prudentes y esperar a ver si se puede hacer por el covid. La cosa está un poco revuelta.

—El título de la peli, de «Orígenes secretos», te va bien. Tienes una parcela de tu vida muy privada, muy secreta, que no quieres compartir.

—Bueno, como todo el mundo, ¿no? Nadie llega a la oficina y empieza a gritar lo que le pasa en su casa. Las cosas importantes se las cuentas a los amigos, y ya está. Y yo lo único que hago es eso. No pienso ni me identifico ni tengo por qué hablar de algo que no me apetezca que no sea trabajo. Eso lo llevo a rajatabla y siempre será así. Incluso aunque haya muchísimo ruido por fuera.

—Gajes del oficio, hándicap… Es la otra cara de tu visibilidad.

—Fíjate, es que ni siquiera es un hándicap, es que me da bastante igual. Mi trabajo es un plató, ensayar, prepararme un personaje, o ir a un exterior a hacer una peli muy chula y, año y medio después, presentarme delante de la prensa para poder vender la peli y hablar de ella y de lo que aporta a la industria cinematográfica del país. Es lo único que tengo que hacer, nada más. Todo lo que se salga de eso, no me interesa y me da igual. Me da igual lo que se diga y cómo se diga, no he entrado nunca ni entraré. No hay secretos, tengo vida privada. Pero es que mi labor no es hablar de mi vida, es hablar de mis personajes. Y si hay alguien a quien no le interesa, pues no estamos en la misma sintonía.

—Afortunadamente, haces una excepción en lo que se refiere a tu tierra.

—A ver, tampoco cuento lo que hacía a las seis de la tarde de un miércoles, ¿sabes lo que te digo? Ja, ja. Pero sí que es verdad que yo soy gallego y siempre lo seré, da igual que viva en Madrid, en Barcelona, en París… Da igual, soy de Noia y eso me define como ser humano. Mis grandes amigos viven en Noia, mi familia… y claro que hablo de ello. De lo que pienso y de lo que hago, ya no.

—¿Y cómo sigue encajando ese círculo de siempre con un estilo de vida tan diferente al que tenías allí?

—Pero es que yo tengo unos amigos muy cojonudos, entonces al final para ellos soy el hermano de Ramón, el hijo de Divina y de Javier. Yo llego a Noia y a mí nadie me trata como actor, ¿sabes? Todos estamos en igualdad de condiciones, no llego yo y copo una conversación porque todo el mundo quiere saber cómo es mi vida. No, hablamos de los curros de la misma forma que hablo con mis amigos de cómo les va a ellos el trabajo, pues hablo también de cómo me va el mío. Lo único que queremos es que todos seamos felices. La pregunta es: «¿Tú estás bien, estás contento?» ¿Sí? Pues ya está. Nadie le da importancia a nada, que es como tiene que ser. Esto es un trabajo, nada más.

—¿Eres retranqueiro? ¿Te ríes más aquí?

—Intento reírme en todos los lugares, joder, ¡ja, ja! No, pero sí que me sale la vena, soy gallego y eso va por bandera. Es mi carácter, el «¿tú como estás?» y responder «¿y tú qué tal?», con otra pregunta… Hay cosas que van en el ADN. Te das cuenta de que eres gallego cuando alguien te dice: «Joder, qué gallego eres, ¡contéstame, coño!». Y caes en que estás dando vueltas, que no era tu intención, pero que estás dando vueltas, ¿sabes? Ja, ja. Lo llevo a fuego porque soy de allí, lo he mamado y mucha gente pensará que soy enigmático, pero la realidad es que solo soy gallego. Y que somos así todos.

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Julián Alía
El gallego protagoniza la adaptación de la serie «Liar».
El gallego protagoniza la adaptación de la serie «Liar».

El actor gallego encarna a un cirujano en la serie que estrena Atresmedia en su plataforma de pago

Al activo Javier Rey (Noia, 40 años), capaz de protagonizar varias series y películas en un mismo año, le ha tocado un «parón en seco» provocado por el coronavirus. «Llevaba tanto tiempo trabajando tan fuerte, que confinado hago las cosas que iba dejando acumuladas para cuando parara», comenta Rey, protagonista de Mentiras, la ficción que Atresmedia estrena hoy en su plataforma de pago, Atresplayer Premium, antes de su emisión en el prime-time de Antena 3.

Rey se mete en la piel de Xavier Vera, «un cirujano y padre de un adolescente envuelto en una acusación de violación por parte de Laura (Ángela Cremonte)». «Es un tema muy actual y sensible y generará un debate bueno para la sociedad», dice. Piensa el actor que «hay que ser valientes» en el terreno de la ficción, y que «los temas sensibles hay que abordarlos con madurez y sin miedo». Por ello, la serie no se posiciona en favor de ningún personaje y «trata de manera madura al espectador, que es el único juez», según Rey. «A medida que pasan los capítulos, todos los personajes tienen algo que ocultar», adelanta.

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