Amistad en el fondo del mar

Roger y Manoliño se conocieron en enero y desde entonces han ido forjando una curiosa relación. El primero es un buzo que trabaja en la navaja y el segundo un delfín en busca compañía

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Manoliño y Roger sellan su amistad debajo del mar El primero es un buzo que trabaja en la navaja. El segundo, un delfín que busca compañía

ribeira / la voz

La amistad puede surgir en cualquier momento y lugar, y si no que se lo digan a Roger Suárez, un vecino de Noia que trabaja en la navaja y que desde hace unos meses mantiene una curiosa relación con Manoliño, un delfín solitario que nada por las aguas de la ría en busca de compañía. «Todo empezó en enero, cuando apareció por primera vez mientras estábamos buceando, y la verdad es que nos dio un buen susto, porque es un animal de dos metros y, aunque supuestamente es pacífico, impone mucho respeto porque puede llevarte por delante de un bocado», cuenta el mariscador noiés, que poco a poco se fue ganando la confianza del golfiño.

Explica que desde el principio fue el arroaz quien comenzó a ir en su busca, «porque nosotros vamos cambiando de zona para trabajar, y él siempre se acercaba al barco, se rascaba con el casco y andaba merodeando a nuestro lado». Sin embargo, esta semana la relación entre ambos dio un paso más.

Cansado de guardar las distancias, el lunes Manoliño decidió aventurarse y nadar con Roger. Así que comenzó a jugar con sus aletas y a aproximarse un poco más al buzo. Suárez quiso corresponder este atrevimiento y posó una mano en el delfín, «que se quedó quieto, hizo como si la olisqueara y luego se fue, igual que hacen los cachorro de perro. Al poco rato, regresó y volvió a hacer lo mismo varias veces, como si quisiera jugar conmigo».

 Abrazo

El buzo noiés confiesa que le hizo mucha ilusión que el animal se mostrara tan receptivo y, todavía alucinó más cuando ayer permitió que le acariciara: «Venía todo el rato hacia mí para que lo tocara, como dejándose querer».

Durante casi diez minutos buzo y delfín mantuvieron esta especie de abrazo marino, que Suárez espera que se vuelva a repetir. De hecho, aunque fue en enero la primera vez que vio a Manoliño, siente que se ha ido ganando su confianza y que por eso ha podido tocarlo sin problema: «Es un animal muy sociable y pacífico. Recuerdo que un día que estábamos entrenando para una prueba de triatlón nos acompañó durante los cinco kilómetros que hicimos a nado».

El mariscador noiés es muy consciente de que existen ciertas recomendaciones de que no se toque a estos animales y se les deje tranquilos, pero aclara que ha sido el delfín quien en todos los encuentros se ha acercado a él y a sus compañeros. «Ni se trata de una especie en peligro de extinción ni está en una zona protegida, y no creo que esté haciendo nada malo si es él quien viene a jugar conmigo», insiste el buzo, que ya tiene ganas de volver a pasar otro rato con su amigo Manoliño.

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