Madres de cinturón negro en Noia

Comenzaron llevando a sus hijos a clase en el Ximnasio Maniotas, hasta que hace seis años se cansaron de esperar fuera y subieron al tapiz convirtiéndose en ejemplos de superación


ribeira / la voz

«Constancia, sacrificio, dedicación, exigencia y, sobre todo, perfeccionismo», esta ristra de adjetivos enunciada por el director deportivo del Ximnasio Maniotas de Noia, Chema Salanova, no le pertenece a su mejor hornada de jóvenes luchadores. Se trata de la descripción que se han ganado a pulso Patricia Fernández, Pura Fernández y Sandra Cao. Hasta hace seis años eran el fiel retrato de la madre trabajadora que saca tiempo de donde sea para llevar a sus hijos a entrenar. Hoy siguen siéndolo, claro. Solo que dos de ellas lo son con el cinturón negro primer dan atado a la cintura y la otra está muy cerca de conseguirlo.

«Han demostrado el esfuerzo y la perseverancia. Iniciar una actividad nueva como el taekuondo requiere adquirir distintas habilidades que puede costar más o menos, pero siempre hay un componente de frustración», explica orgulloso Salanova, quien, junto a la técnica Alejandra Blanco, ha estado al cargo de la preparación de estas tres madres desde que se cansaron de esperar a sus pequeños leyendo en el coche, tomando un café o haciendo recados. Desde el día en que sonrieron ante la pregunta: «Imaxinádesvos facer unha clase de mamás e papás?».

Los inicios

Cuando Patricia Fernández (Lousame, 1984) cruzó el umbral del Maniotas, la pequeña Xiana tenía 4 años. Pronto cumplirá 17, pero ninguna de la dos se imaginó que desde hace seis llegarían a verse frente a frente luchando. «Xa lle teño dito: ten coidado ao chegar á casa», explica bromeando. Aunque las tres madres y amigas siempre han ido al mismo ritmo preparándose juntas, Fernández fue la primera en obtener el cinturón negro, en agosto del 2018: «Aprendín que non hai nada imposible, da igual a idade que teñas. Non me arrepinto de nada, só de non ter empezado antes». También llegó a ser campeona gallega promesa durante tres años consecutivos.

Pura Fernández (Lousame, 1977) recuerda muy bien cuando su hija Sabela y su hijo Ismael ingresaron en el Maniotas hace más de una década. Hoy tienen 19 y 16 años. En todo ese tiempo han visto cómo su madre pasó de no ser capaz de levantar la pierna hasta la cintura en su primera parada a superar el duro examen del cinturón negro el pasado marzo. «A miña meta é chegar a perfeccionar a técnica ao máximo», señaló Fernández, que no le gusta especialmente el combate, pero admite que sonrió cuando los chicos le dijeron: «Mamá, aquí si que podemos pegarnos».

Segunda familia

Sandra Cao (Lousame, 1976) celebra que, con 9 años, Óscar prefiriese el taekuondo al fútbol o el tenis, porque esa decisión acabó cambiándole la vida a ella. «Ao ser a maior de catro irmáns e vivir no rural nunca tivera a oportunidade de facer algo que me fixera sentir realizada. Esta é a miña vía de escape», recordó la madre del joven de ahora 17 años al que también le ha caído alguna advertencia como esta: «A modiño, se me das na cabeza igual quedas sen cear».

Mas no solo eso, su preparación le ha llevado a superar complicaciones de salud y miedos. Ha pasado de ser la alumna a la que todos esos términos en coreano le parecían un galimatías a la luchadora que en su primer combate no dudó en enfrentarse a una medallista europea. Este año buscará cambiar el cinturón marrón por el negro.

Relatan las tres protagonistas que incluso llegaron a fundar una asociación para promocionar el taekuondo en Lousame, tras comprender que en el Maniotas lo que se había forjado era una segunda familia.

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