Ana María Giráldez: «Ha sido una época dura, era un sinvivir un día tras otro»

La directora de la residencia de mayores noiesa considera que la vuelta de las visitas ha sido un bálsamo


Noia / La Voz

La residencia DomusVi de Noia logró blindarse y eludir la indeseable entrada del covid-19 en sus instalaciones, pero el hecho de permanecer libre del virus no significa que las semanas que han quedado atrás hayan sido fáciles, ni para los residentes ni para el personal. La directora del centro de mayores noiés, Ana María Giráldez, reconoce que ha sido una etapa complicada y de mucha tensión que, poco a poco, va quedando atrás.

La primera señal de ello fue la vuelta de las visitas de los familiares, un bálsamo para todos: «Tanto los residentes como sus familias estaban muy emocionados, un poco tristes porque echan en falta el contacto, los besos y los abrazos, pero contentos de verlos bien. Y para nosotros también fue muy emotivo ver que las familias te agradecen el esfuerzo que has hecho para mantener a salvo a sus seres queridos».

Giráldez no oculta que han vivido momentos difíciles en los últimos meses, por muchas precauciones que se tomaran: «Cada vez que un residente tenía fiebre era un susto. Esto no es un hospital y comparten habitación, si alguien diera positivo tendríamos un problema grave, así que teníamos el corazón en un puño mientras esperábamos los resultados. Ha sido una época dura, era un sinvivir un día tras otro, ha sido muy largo y agotador psicológicamente. A pesar de que aplicamos todas las medidas de prevención, vivíamos con el corazón en un puño».

La directora de la residencia también es muy consciente de que esto no se ha acabado, de que el virus sigue siendo una amenaza, especialmente para el colectivo de personas mayores con patologías previas como sus usuarios, y que el hecho de abrir las puertas del centro a las visitas aumenta los riesgos: «Intentamos vivir la situación con calma, es cierto que la procesión va por dentro y que a todos nos preocupa mantener contacto con personas de fuera, pero al final nos acabamos adaptando. No puedes estar con esa tensión constantemente, asumes que el virus está ahí y que tienes que tomar una serie de medidas».

Nueva normalidad

La reapertura de las puertas de la residencia a los familiares fue el primer paso hacia la nueva normalidad en la residencia, que poco a poco va retomando sus rutinas. Las actividades grupales se han reiniciado con grupos de diez personas, igual que la sesiones de fisioterapia, manteniendo en todo momento las medidas de seguridad: «Los residentes necesitan estas actividades, necesitan socializar».

El confinamiento también ha variado algunos hábitos y ahora el jardín que antes apenas utilizaban la mayoría de los residentes se ha convertido en la zona más demandada en los días soleados.

Otra novedad es la creación de una sala acristalada y bien ventilada en la entrada al edificio para el encuentro de los usuarios con sus familiares. Las visitas se someten a un cuestionario sobre sintomatología compatible con el covid-19, deben desinfectar pies y manos al entrar, utilizar mascarilla y mantener la distancia, por difícil que eso sea después de meses sin verse: «Las familias son muy colaboradoras y comprensivas y están respetando todas las normas».

En lo que respecta al personal que trabaja en la residencia de mayores noiesa, también va recuperando poco a poco la normalidad y volviendo a los turnos de trabajo que tenían antes de la crisis sanitaria. Ana María Giráldez destaca su enorme implicación durante todo este tiempo, también en el proceso de desescalada: «Los trabajadores están muy concienciados porque saben que el hecho de que ellos no se cuiden puede tener consecuencias fatales».

Superado lo peor de la pandemia, el objetivo de todos ellos es seguir manteniendo alejado de la residencia al covid-19.

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