Patrimonio hasta en el lodo de Noia

El departamento autonómico, que en el pasado ha echado por tierra otros proyectos para la fachada marítima, exige también un control arqueológico del dragado de la ría


Noia / La Voz

Si hay un departamento con el que ningún alcalde quiere toparse a la hora de sacar adelante alguna obra es con Patrimonio, un viejo conocido para los gobernantes de Noia. Contar con unos recursos históricos, culturales y arquitectónicos como los que atesora la villa noiesa tiene su contrapartida en la estrecha vigilancia que el organismo autonómico ejerce sobre cualquier intervención que se realice, incluso en los sedimentos acumulados en el fondo de la ría.

Sí, Patrimonio está en todas partes, hasta en el lodo. Portos de Galicia, que se encargará de financiar una nueva fase del dragado del estuario noiés en la zona más próxima al Peirao do Marqués, está tramitando la encomienda de gestión para que la empresa pública Tragsa acometa los trabajos; y para el gobierno local ha sido toda una sorpresa que se exija un control arqueológico para llevar a cabo esta actuación. Lo contaba el alcalde, Santiago Freire, quien duda de la posibilidad de que entre los sedimentos acumulados durante décadas en el estuario noiés puedan aparecer elementos de interés patrimonial y se queja de la burocracia que lleva aparejada cualquier tipo de actuación: «É lamentable que as autorizacións tarden tanto tempo».

Y es que no es la primera vez que Patrimonio tiene algo que decir con respecto a los planes de Concello, Costas y Portos -las Administraciones central y autonómica se reparten las competencias- para la fachada marítima de Noia. Es más, el organismo dependiente de la Consellería de Cultura echó por tierra el proyecto para construir una pasarela peatonal paralela al malecón de Gasset y hubo que redactar otro que prevé una estructura de madera en voladizo que irá anclada al muro actual.

Retraso importante

Aunque se alcanzó una solución, el dictamen de Patrimonio se demoró varios meses y luego hubo que esperar a su veredicto tras las modificación del proyecto, con lo cual la tramitación de todos los permisos para la actuación se demoró durante más de un año.

No es un caso único, y menos en un lugar como Noia, donde cualquier excavación puede llevar consigo la aparición algún elemento de interés patrimonial. Ocurrió con el Museo do Mar, que por fin pudo comenzar hace unas semanas después de una larga espera durante la que, una vez más, fue necesario cambiar el proyecto inicial. En este caso, se hizo para preservar los restos de la muralla y un puerto medieval encontrados durante las excavaciones previas al inicio de la obra de construcción del edificio.

También la rehabilitación del Casino sufrió una demora importante hasta que se obtuvieron todas las autorizaciones de Patrimonio, que inicialmente exigía que se conservase toda la estructura interna del inmueble, pero techos, vigas y escaleras de madera estaban tan deterioradas que no podía garantizarse la seguridad, así que hubo que hacer un nuevo proyecto y esperar, otra vez, a que el organismo autonómico lo autorizase.

Algo parecido ocurrió recientemente con la restauración de la vivienda de Rafael Dieste en Rianxo, que tuvo que interrumpirse para elaborar una nueva propuesta que incluyese la conservación de una antigua pila para el pescado que apareció durante los trabajos.

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